Olivia quiere jugar sola con su pelota roja, y Jerry, su perrito chihuahua, se sienta a esperar. Un cuento breve para aprender a compartir a los 3 años.
Vamos a descubrir cómo se siente Olivia al compartir.
Aprenderemos que compartir puede ser divertido.
Vamos a pensar cómo podemos ser generosos con los demás.
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Olivia jugaba con su pelota. Su perrito Jerry se acercó, listo para jugar con ella.
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Olivia abrazó la pelota. Todavía quería jugar sola. Jerry se sentó y esperó.
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Olivia miró a Jerry y sonrió. Quizá compartir la pelota también sería divertido.
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Olivia dijo: —Te toca, Jerry. Rodó la pelota. Jerry la empujó con la nariz.
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La pelota volvió hasta Olivia. ¡Traía babita! Olivia soltó una carcajada y siguieron jugando.
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Olivia se sentía feliz. Empujó nuevamente la pelota hacia Jerry y esperó sonriendo.
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¿Qué hemos aprendido?
Olivia descubrió que compartir su pelota con Jerry también podía ser divertido.
Olivia aprendió que jugar juntos puede hacerla sentir feliz.
Preguntas para pensar juntos
¿Cómo crees que se sintió Olivia cuando decidió compartir la pelota?
¿Qué harías tú si alguien quisiera jugar contigo con tu juguete?
¿De qué manera podrías compartir algo con alguien en tu día?
Un cuento sobre lo que está aprendiendo
Elige el tema (las fracciones, el ciclo del agua, las emociones) y protagonistas que conoce: aprende leyendo una historia hecha para su clase o para casa.
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Olivia la generosa ocurre en una tarde de sol, entre una valla de madera y un macizo de flores rosas. Olivia, una niña de tres años con un lazo rosa en el pelo, juega con su pelota roja cuando Jerry, su perrito chihuahua, se acerca con las orejas de punta y ganas de jugar. Pero Olivia todavía no quiere compartirla: la abraza fuerte contra el pecho y frunce los labios. Y Jerry, en vez de insistir, se sienta en la hierba y espera.
Con frases de una línea y una sola escena, el cuento retrata el momento exacto en que un niño pequeño decide si presta lo que más le gusta. No hay riña ni sermón: hay una mirada, una sonrisa y un «Te toca, Jerry» que convierte el juego de uno en un juego de dos. La pelota rueda, Jerry la empuja con la nariz y vuelve con una sorpresa que hace reír a carcajadas a Olivia. Antes y después de la historia hay tres páginas para trabajar en familia: qué vamos a aprender, qué hemos aprendido y preguntas para pensar juntos.
Es ideal para niños de 3 a 5 años que están en plena etapa del «es mío», y para los que tienen mascota en casa y saben lo paciente que puede ser un perro. Se lee en menos de cinco minutos, así que funciona antes de dormir, antes de una tarde en el parque o justo después de una pelea por un juguete. Lo creó una mamá para su hija y lo comparte con nuestra comunidad de lectores.
Una pelota roja y un perrito que sabe esperar
Olivia tiene una pelota roja y muchas ganas de jugar sola. Jerry, un chihuahua dorado de orejas enormes, no ladra ni intenta quitársela: se sienta a su lado, levanta la cabeza y la mira. Ese silencio paciente es el motor de la historia, porque deja a Olivia el espacio para decidir por sí misma, sin que ningún adulto se lo pida.
El cuento está hecho a la medida de los más pequeños: seis escenas en el mismo jardín, frases cortas y un único cambio emocional, de «la quiero solo para mí» a «juguemos los dos». Un niño de tres años puede seguirlo entero sin perderse, anticipar lo que va a pasar y reconocerse en la cara de enfado de Olivia cuando abraza su pelota.
Una tarde de jardín, una pelota y un perrito con ganas de jugar.
Qué aprende un niño pequeño con este cuento
Olivia la generosa no le dice al lector que compartir es obligatorio: le enseña cómo se siente hacerlo. Por eso encaja tan bien en la etapa en la que los niños empiezan a distinguir lo propio de lo ajeno y prestar un juguete se vive como perderlo.
Que está bien dudar: Olivia abraza su pelota y todavía quiere jugar sola, y nadie la riñe por ello.
Que compartir también divierte: el juego mejora cuando la pelota va y vuelve entre los dos.
A respetar los turnos: primero espera Jerry, sentado en la hierba; después espera Olivia, sonriendo.
A ponerle nombre a lo que siente: las páginas finales preguntan cómo se sintió Olivia y qué haría el propio niño si alguien quisiera jugar con su juguete.
«Te toca, Jerry.»
Todavía quería jugar sola. Jerry decidió esperar.
Imagina este cuento con tu hijo y su mascota
A los tres años, pocas cosas enganchan tanto como verse dentro de la historia, y más si al lado aparece el perro, el gato o el conejo de casa. Con cuentosIA puedes crear un cuento parecido con la cara y el nombre de tu hijo o tu hija, sumar a su mascota y elegir el aprendizaje que más os cuesta ahora mismo: prestar los juguetes, esperar turno, recoger o irse a dormir sin protestar. Como en este cuento, puedes elegir la versión educativa, con páginas de objetivos y preguntas para comentar en familia.
Cómo crear tu propio cuento
Sube una foto de tu hijo (y de su mascota, si quieres que salga) y cuéntanos qué queréis trabajar.
Elige el estilo de las ilustraciones, como la acuarela de este cuento, y el tono de la historia.
En pocos minutos lo tienes listo para leer online, descargar en PDF o pedir como libro impreso.
Un regalo pequeño para una etapa grande
La etapa del «es mío» pasa, pero mientras dura se repite cada día: en el parque, con los primos, en la guardería. Un cuento en el que el protagonista es el propio niño se convierte en un recurso para esos momentos; basta con recordar qué hizo Olivia con su pelota. Es un buen detalle para un tercer cumpleaños, para la llegada de una mascota a casa o para los abuelos que quieren leerles algo hecho a su medida.
Un turno para cada uno: así empieza el mejor juego de la tarde.
¿Por qué a los niños pequeños les cuesta tanto compartir?
Entre los dos y los cuatro años los niños están descubriendo qué es suyo, y prestar un juguete se parece mucho a perderlo. Por eso funciona mejor invitar que obligar, y celebrar cuando lo hacen por iniciativa propia, como Olivia cuando decide rodarle la pelota a Jerry.
¿Cómo usar las preguntas del final del cuento?
Mejor de una en una y sin prisa, después de leer. Preguntas como «¿qué harías tú si alguien quisiera jugar con tu juguete?» no tienen respuesta correcta: sirven para que el niño ponga palabras a lo que siente y para recordarlas la próxima vez que toque compartir.
¿Para qué edad es este cuento?
Está pensado para niños de 3 a 5 años. Sus frases cortas y su única escena también lo hacen apto para leérselo a niños de dos años con un adulto al lado.
Para seguir leyendo, en nuestra página de cuentos para aprender a compartir hay más historias como esta, gratis y con ilustraciones.
Convierte esta tarde de jardín en un cuento con la cara y el nombre de tu hijo, y con su mascota.