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Jugando con mis compañeros

Escrito por Yesmari_Pool con cuentosIA

Tyron quiere todos los bloques del salón y, cuando se enfada, lanza piezas. Leo le enseña a decir lo que siente, a pedir turno y a compartir sin lastimar.

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Portada: Jugando con mis compañeros

¿Qué vamos a trabajar juntos?

  • Vamos a descubrir la alegría de compartir algo especial
  • Aprenderemos a pedir y esperar nuestro turno
  • Vamos a expresar lo que sentimos sin lastimar
Ilustración de la escena 2: Jugando con mis compañeros
02

En el salón, Tyron quiso usar todos los bloques. Los juntó contra su pecho y dijo:

—Son míos.

Leo armaba un cohete cerca. Tyron tomó una pieza, lanzó otra y, al enojarse, levantó la mano. Leo dio un paso atrás. No gritó. Respiró como si inflara un globo enorme.

—No me pegues ni me muerdas. Eso duele. Puedes decir “estoy enojado”.

Tyron lloró. Sus lágrimas hicieron plip, plip sobre la mesa.

Ilustración de la escena 3: Jugando con mis compañeros
03

Tyron dejó caer otro bloque: CLAC. Quería el cohete de Leo, pero no sabía cómo pedirlo. Leo señaló tres piezas sueltas.

—Primero recogemos. Una, dos, tres.

Tyron miró el piso. Recoger parecía difícil mientras estaba enojado. Apretó las manos. Luego las abrió. Tomó una pieza, después otra y al final la tercera.

—Estoy enojado. Quiero jugar.

Leo sonrió.

—Gracias por decirlo. Podemos buscar una forma sin lastimar ni lanzar cosas.

Ilustración de la escena 4: Jugando con mis compañeros
04

Leo abrió su caja especial de crayones. Tenía colores suaves, vivos y uno dorado que guardaba con mucho cuidado. Tyron dejó de llorar. Quería dibujar un gran camino, pero su mesa estaba vacía. Leo tocó el crayón dorado. Es mi favorito, pensó. Podía esconderlo. También podía compartirlo.

—Te presto mis crayones. Elige uno y luego me toca a mí.

Tyron escogió el azul.

—Después puedes usarlo tú.

Los dos comenzaron a dibujar despacio.

Ilustración de la escena 5: Jugando con mis compañeros
05

Al rato, Tyron vio el dorado. Lo quiso ya. Estiró la mano y tiró de la caja. Los crayones rodaron: RRR, TAC. Tyron abrió la boca para morder, pero Leo apartó el brazo.

—Alto. Morder duele. Pide turno.

Tyron tembló y volvió a llorar. Leo esperó cerca, sin quitarle todos los colores. Respiraron una vez. Luego otra.

—Quiero el dorado, por favor.

—Cuando termine mi sol, será tu turno.

Tyron miró el círculo crecer. Esperar daba cosquillas en los pies.

Ilustración de la escena 6: Jugando con mis compañeros
06

Leo pintó el último rayo y puso el crayón dorado frente a Tyron.

—Ahora te toca.

Tyron parpadeó. Leo había compartido algo muy especial justo cuando él lo necesitaba. Tyron dibujó una puerta dorada en su camino. Después devolvió el crayón con cuidado.

—Perdón por lanzar y querer morder. No quiero hacerte daño.

Juntos recogieron los colores. Uno, dos, tres, cuatro. Tyron hizo una torre con la caja vacía. La torre cayó con un pequeño PUM. Ambos soltaron una risita.

Ilustración de la escena 7: Jugando con mis compañeros
07

Esa tarde, Tyron acercó los bloques a Leo. No los apretó contra su pecho. Separó dos montones y dejó una pieza brillante en medio.

—Podemos compartir. Tú haces el cohete y yo hago la estación.

—Y podemos cambiar por turnos.

Construyeron juntos. Cuando una pieza faltó, Tyron pidió ayuda. Cuando Leo quiso la pieza brillante, esperó su turno. Nadie mordió, pegó ni lanzó nada. El cohete quedó torcido. Leo miró sus crayones compartidos y la construcción. Había menos cosas para él, pero más juego.

¿Qué hemos aprendido?

  • Leo descubrió que compartir su crayón especial hacía el juego más alegre.
  • Tyron aprendió que puede pedir un turno y esperar sin lastimar.
  • Tyron descubrió que compartir los bloques permite construir y jugar juntos.

Preguntas para pensar juntos

  1. ¿Cómo crees que se sintió Leo cuando Tyron quiso morderlo?
  2. ¿Qué harías tú si un amigo necesitara algo especial que tienes?
  3. ¿Cómo podemos compartir nuestros juguetes con otras personas?
Contraportada: Jugando con mis compañeros

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Cuento educativo · 3-5 años

Jugando con mis compañeros empieza en un salón de clase, con Tyron apretando contra su pecho todos los bloques y diciendo «Son míos». Leo arma un cohete muy cerca y, cuando Tyron se enfada y levanta la mano, no grita: da un paso atrás y respira como si inflara un globo enorme. Desde esa primera escena, el cuento pone palabras a algo que pasa cada día en cualquier aula de infantil.

La historia avanza con momentos pequeños y reconocibles: recoger tres piezas sueltas contando «una, dos, tres», abrir una caja especial de crayones y decidir si esconder el dorado o compartirlo, o esperar a que un sol termine de dibujarse antes de que llegue tu turno. Tyron descubre que puede decir «Estoy enojado. Quiero jugar» en lugar de lanzar cosas, y Leo comprueba que prestar lo que más quiere no le quita nada. Es un cuento compartido por nuestra comunidad de lectores, y se nota: está lleno de detalles de la vida real.

Funciona especialmente bien entre los 3 y los 5 años, justo la edad en la que aparecen los mordiscos, los empujones y las peleas por los juguetes. Es ideal para leer en casa después de un día complicado en la escuela, o para usar en clase como punto de partida de una conversación sobre cómo pedir, esperar y compartir. Las preguntas finales del propio cuento ayudan a que los niños hablen de lo que sienten.

Un conflicto de todos los días en el aula

En el salón hay bloques de colores, una mesa para dibujar y dos compañeros con maneras muy distintas de jugar. Tyron lo quiere todo para él y, cuando algo no sale como espera, lanza piezas o intenta morder. Leo, en cambio, pone límites claros sin gritar ni alejarse: le dice qué duele y le ofrece otra forma de expresar su enfado.

El cuento no convierte a Tyron en el malo de la historia. Muestra su frustración, sus lágrimas que hacen plip, plip sobre la mesa y lo difícil que resulta recoger cuando uno está enfadado. Esa mirada comprensiva es lo que lo hace tan útil para hablar con niños que están aprendiendo a gestionar sus emociones.

Leo señala las piezas del suelo mientras Tyron recoge los bloques de colores sobre la alfombra del salón
Primero recogemos: una, dos, tres.

Qué aprenden los niños con este cuento

Cada escena trabaja una habilidad concreta de convivencia, sin sermones y con ejemplos que un niño de infantil puede imitar al día siguiente.

  • Nombrar el enfado: decir «estoy enojado» en lugar de pegar, morder o lanzar cosas.
  • Pedir y esperar el turno: Tyron pide el crayón dorado «por favor» y aguanta mientras Leo termina su sol.
  • Poner límites con calma: Leo dice «Alto. Morder duele» y respira antes de responder.
  • Compartir lo que más queremos: la caja especial de crayones de Leo acaba siendo de los dos.
«No me pegues ni me muerdas. Eso duele. Puedes decir “estoy enojado”.»

Además, el libro incluye al principio los objetivos de la lectura y, al final, una página de aprendizajes y otra de preguntas para pensar juntos, como «¿Qué harías tú si un amigo necesitara algo especial que tienes?».

Leo abre su caja de crayones sobre la mesa y Tyron elige el crayón azul para dibujar
Leo guarda un crayón dorado favorito y tiene una decisión que tomar.

Imagina este cuento con su nombre

Si en casa hay un pequeño que se pelea por los juguetes o que está pasando por la etapa de los mordiscos, un cuento en el que él mismo es quien pide su turno puede tener mucha más fuerza. Con cuentosIA puedes crear una historia parecida con el nombre y la cara de tu hijo, de su mejor amigo de clase o de sus hermanos, y elegir qué quieres trabajar: compartir, esperar, calmar el enfado o pedir perdón.

Cómo crear tu propio cuento

  1. Sube una foto de tu hijo y cuéntanos qué situación quieres tratar.
  2. Elige el estilo de las ilustraciones y el tipo de cuento, narrativo o educativo.
  3. En pocos minutos lo tienes listo para leer online, descargar en PDF o pedir como libro impreso.

Un regalo útil para casa y para el aula

Un cuento personalizado sobre convivencia se lee muchas veces, porque acompaña una etapa real del niño. También es un detalle muy bonito para el profesorado de infantil o para la clase al empezar el curso, cuando los niños están aprendiendo a jugar juntos y a respetar los turnos.

¿Qué hago si mi hijo muerde o pega en la escuela?

Leer historias como esta le ayuda a encontrar palabras para lo que siente. Después de la lectura, puedes practicar con él frases como «estoy enojado» o «quiero jugar» y hablar de lo que hizo Leo para calmarse. Si la conducta se repite, conviene coordinarse con la escuela.

¿Para qué edad es este cuento?

Está pensado para niños de 3 a 5 años, aunque también sirve en los primeros cursos de primaria como punto de partida para hablar de la convivencia en clase.

Convierte esta historia en un cuento con su cara y su nombre.

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