
¿Qué vamos a trabajar juntos?
- Vamos a descubrir la alegría de compartir algo especial
- Aprenderemos a pedir y esperar nuestro turno
- Vamos a expresar lo que sentimos sin lastimar

En el salón, Tyron quiso usar todos los bloques. Los juntó contra su pecho y dijo:
—Son míos.
Leo armaba un cohete cerca. Tyron tomó una pieza, lanzó otra y, al enojarse, levantó la mano. Leo dio un paso atrás. No gritó. Respiró como si inflara un globo enorme.
—No me pegues ni me muerdas. Eso duele. Puedes decir “estoy enojado”.
Tyron lloró. Sus lágrimas hicieron plip, plip sobre la mesa.

Tyron dejó caer otro bloque: CLAC. Quería el cohete de Leo, pero no sabía cómo pedirlo. Leo señaló tres piezas sueltas.
—Primero recogemos. Una, dos, tres.
Tyron miró el piso. Recoger parecía difícil mientras estaba enojado. Apretó las manos. Luego las abrió. Tomó una pieza, después otra y al final la tercera.
—Estoy enojado. Quiero jugar.
Leo sonrió.
—Gracias por decirlo. Podemos buscar una forma sin lastimar ni lanzar cosas.

Leo abrió su caja especial de crayones. Tenía colores suaves, vivos y uno dorado que guardaba con mucho cuidado. Tyron dejó de llorar. Quería dibujar un gran camino, pero su mesa estaba vacía. Leo tocó el crayón dorado. Es mi favorito, pensó. Podía esconderlo. También podía compartirlo.
—Te presto mis crayones. Elige uno y luego me toca a mí.
Tyron escogió el azul.
—Después puedes usarlo tú.
Los dos comenzaron a dibujar despacio.

Al rato, Tyron vio el dorado. Lo quiso ya. Estiró la mano y tiró de la caja. Los crayones rodaron: RRR, TAC. Tyron abrió la boca para morder, pero Leo apartó el brazo.
—Alto. Morder duele. Pide turno.
Tyron tembló y volvió a llorar. Leo esperó cerca, sin quitarle todos los colores. Respiraron una vez. Luego otra.
—Quiero el dorado, por favor.
—Cuando termine mi sol, será tu turno.
Tyron miró el círculo crecer. Esperar daba cosquillas en los pies.

Leo pintó el último rayo y puso el crayón dorado frente a Tyron.
—Ahora te toca.
Tyron parpadeó. Leo había compartido algo muy especial justo cuando él lo necesitaba. Tyron dibujó una puerta dorada en su camino. Después devolvió el crayón con cuidado.
—Perdón por lanzar y querer morder. No quiero hacerte daño.
Juntos recogieron los colores. Uno, dos, tres, cuatro. Tyron hizo una torre con la caja vacía. La torre cayó con un pequeño PUM. Ambos soltaron una risita.

Esa tarde, Tyron acercó los bloques a Leo. No los apretó contra su pecho. Separó dos montones y dejó una pieza brillante en medio.
—Podemos compartir. Tú haces el cohete y yo hago la estación.
—Y podemos cambiar por turnos.
Construyeron juntos. Cuando una pieza faltó, Tyron pidió ayuda. Cuando Leo quiso la pieza brillante, esperó su turno. Nadie mordió, pegó ni lanzó nada. El cohete quedó torcido. Leo miró sus crayones compartidos y la construcción. Había menos cosas para él, pero más juego.
¿Qué hemos aprendido?
- Leo descubrió que compartir su crayón especial hacía el juego más alegre.
- Tyron aprendió que puede pedir un turno y esperar sin lastimar.
- Tyron descubrió que compartir los bloques permite construir y jugar juntos.
Preguntas para pensar juntos
- ¿Cómo crees que se sintió Leo cuando Tyron quiso morderlo?
- ¿Qué harías tú si un amigo necesitara algo especial que tienes?
- ¿Cómo podemos compartir nuestros juguetes con otras personas?






