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El monstruo que se comía los miedos

Alex tiene miedo a la oscuridad, a leer en voz alta, a probar comida nueva. Una noche descubre a Comemiedos debajo de su cama: un ser redondo y amable que se alimenta de miedos. Cada vez que Alex da un pasito, Comemiedos da un mordisquito. Ñam.

Una aventura con tu peque como protagonista
Portada: El monstruo que se comía los miedos

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El monstruo que se comía los miedos

Ilustración de la escena 1: El monstruo que se comía los miedos
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Por la noche, la habitación de Alex parecía distinta. La lámpara apagada dejaba rincones callados, y su miedo a la oscuridad crecía como una nube dentro del pecho. Entonces, bajo la cama, sonó un estornudo suave. Alex se asomó. Allí estaba un ser redondo y amable. “Hola”, dijo. “Soy Comemiedos. No vengo a asustarte. Vengo a cenarme esos miedos que te pesan tanto.”

Ilustración de la escena 2: El monstruo que se comía los miedos
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Alex tragó saliva. “No me gusta cuando todo se queda negro.” Comemiedos movió las orejitas. “Lo sé. Pero mira: no hace falta ser valiente de golpe.” Alex alargó la mano y encendió una linterna pequeña. Después abrió un poco la puerta del pasillo. Entró una raya de luz. Comemiedos dio un mordisquito al aire. “Ñam. ¿Ves? Tu miedo ya ocupa menos sitio.”

Ilustración de la escena 3: El monstruo que se comía los miedos
03

A la mañana siguiente, Alex llevó a Comemiedos escondido en la mochila. En clase, la seño pidió voluntarios para leer en voz alta. A Alex se le hizo un nudo en la garganta, como si tuviera una cuerda apretada por dentro. “Ahora no puedo”, susurró. Desde la mochila, Comemiedos dijo bajito: “Prueba una frase. Solo una.” Alex levantó la mano, temblando un poco.

Ilustración de la escena 4: El monstruo que se comía los miedos
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La primera palabra salió pequeña, casi como un suspiro. La segunda sonó mejor. Cuando terminó la frase, la clase guardó silencio un instante, y luego la seño sonrió. “Muy bien, Alex.” Él notó un calorcito en el pecho, como un sol encendiéndose despacio. Desde la mochila llegó otro “ñam”. Comemiedos guiñó un ojo. “Los miedos no se van solos. Se encogen cuando los miras de frente.”

Ilustración de la escena 5: El monstruo que se comía los miedos
05

Esa tarde, en casa, el padre de Alex preparó un plato nuevo. Olía raro, con especias y verduras que Alex nunca probaba. “No me va a gustar”, dijo, apartando la cuchara. Comemiedos apareció entre los cojines. “A veces el miedo se disfraza de ‘no quiero’.” Alex frunció la nariz, pensó un momento y probó una cucharadita. Masticó despacio. “Pues… está rico.” Ñam.

Ilustración de la escena 6: El monstruo que se comía los miedos
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Aquella noche, Comemiedos parecía más pequeñito, como si ya hubiera cenado bastante. Se sentó junto a Alex y movió la campanilla del cuello. “Creo que ya me necesitas menos.” Alex sintió pena, pero también una fuerza nueva, tranquila. “¿Y si vuelven mis miedos?” Comemiedos sonrió. “Volverán a veces. Entonces respira, pide ayuda si hace falta y da un pasito. Yo estaré en ese primer paso.”

Contraportada: El monstruo que se comía los miedos

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¿Y si hubiera alguien que se comiera tus miedos? No para que desaparezcan de golpe, sino bocado a bocado, cada vez que te atreves a dar un paso.

En este cuento, Alex descubre a Comemiedos, un ser pequeño y peludo que vive debajo de su cama. No viene a asustarle. Viene a cenar. Cada vez que Alex enciende la linterna, lee una frase en voz alta o prueba una cucharada de algo nuevo, Comemiedos da un mordisquito y el miedo se encoge un poco.

Un cuento divertido y cálido sobre superar los miedos sin prisa. Porque no hace falta ser valiente de golpe. Ilustrado en 3D y gratuito.

Guía para padres: los miedos infantiles

Los miedos son una parte normal del desarrollo. Miedo a la oscuridad, a hablar en público, a lo desconocido: todos forman parte del proceso de crecer. El problema no es tener miedo, sino quedarse atrapado en él.

Qué ayuda: No forzar. No decir "no seas miedoso" ni "eso no da miedo". El miedo del niño es real para él. Validarlo es el primer paso: "entiendo que te da miedo, ¿qué podemos hacer juntos?"

La estrategia del pasito: Este cuento usa una técnica real de psicología infantil: la exposición gradual. No se trata de enfrentarse al miedo de golpe, sino de dar un paso pequeño cada vez. Encender una linterna. Leer una frase. Probar una cucharada. Cada pequeño logro construye confianza.

Cómo usar este cuento: Léelo con tu hijo y pregúntale: ¿cuál es tu Comemiedos? ¿Qué pasito podrías dar mañana? Convertir el miedo en algo que se puede "comer" le quita poder y lo hace manejable.

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