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El monstruo que pedía caramelos

Luca sale a pedir truco o trato y encuentra a Púa, un monstruo tímido al que le dan miedo los niños disfrazados. Juntos descubren que Halloween puede ser pura diversión.

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Portada: El monstruo que pedía caramelos

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El monstruo que pedía caramelos

Ilustración de la escena 1: El monstruo que pedía caramelos
01

La noche de Halloween olía a castañas y a caramelos. Luca salió con su bolsa para pedir truco o trato, dando saltitos por la acera.

—Hoy mi disfraz tiene nivel máximo, dijo, como si empezara un videojuego.

Entonces, detrás de un seto, sonó CRAC.

Ilustración de la escena 2: El monstruo que pedía caramelos
02

Luca se quedó quieto. El seto tembló un poquito, como si tuviera hipo.

—¿Hola? Si eres una calabaza, te aviso: no sé hablar calabacés.

Del escondite salió Púa, muy encogida. Miró la calle y se tapó la cara con cuidado.

Ilustración de la escena 3: El monstruo que pedía caramelos
03

—No me comas, susurró.

Luca abrió mucho los ojos y luego se rió bajito, sin burlarse.

—Yo venía a pedir caramelos, no cenas peludas.

Púa asomó un poco más.

—Los niños disfrazados hacen caras raras. Dan un miedo tremendo.

Ilustración de la escena 4: El monstruo que pedía caramelos
04

Luca se sentó en el bordillo y dejó su bolsa entre los dos.

—Mira, esto es tela. Y esto, pintura. Por dentro sigo siendo Luca.

Se quitó un adorno del disfraz y lo movió como una marioneta torpe. Púa soltó una risita: sonó como campanilla tímida.

Ilustración de la escena 5: El monstruo que pedía caramelos
05

Después fueron juntos de puerta en puerta. Luca llamaba, Púa se quedaba medio escondida detrás de él, pero cada vez menos.

Los vecinos sonreían al verlos.

—Dicen que llevas el mejor disfraz de la noche.

—¿Disfraz? ¡Pero si yo he venido de mí misma!

Ilustración de la escena 6: El monstruo que pedía caramelos
06

En la última puerta, una calabaza hizo PLOP y se apagó. Púa saltó hacia Luca y casi volcó la bolsa.

Luca respiró despacio.

—Modo valiente: encendido.

Púa tocó la calabaza. Solo era una luz cansada. Entonces rieron tanto que un caramelo rodó calle abajo.

Ilustración de la escena 7: El monstruo que pedía caramelos
07

Al final, Luca y Púa se sentaron en la acera, bajo la luna de octubre. Repartieron caramelos por colores y dejaron los pegajosos para el final.

—Los disfraces son sustos de mentira.

—Y los monstruos pueden ser amigos de verdad.

Brindaron con dos caramelos.

Contraportada: El monstruo que pedía caramelos

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El monstruo que pedía caramelos arranca en una noche de Halloween que huele a castañas y a caramelos. Luca sale a la calle con su bolsa, dando saltitos, dispuesto a pedir truco o trato. Pero detrás de un seto suena un CRAC y aparece Púa: un monstruo peludo de pelo morado y grandes ojos amarillos que, en lugar de asustar, está muerto de miedo.

Aquí el miedo se pone del revés: es el monstruo quien tiembla ante los niños disfrazados. Luca se sienta en el bordillo, le enseña a Púa que un disfraz es solo tela y pintura, y juntos recorren el barrio de puerta en puerta, donde los vecinos aseguran que Púa lleva el mejor disfraz de la noche.

Es una historia tierna y divertida, sin sustos reales ni sombras amenazantes, ideal para peques de 4 a 8 años. Perfecta para leer en familia la víspera de Halloween y para quienes prefieren un Halloween amable, de risas y caramelos compartidos bajo la luna de octubre.

De qué trata «El monstruo que pedía caramelos»

Es la noche de Halloween y Luca sale a pedir truco o trato dando saltitos por la acera. Detrás de un seto suena un CRAC y, muy encogida, aparece Púa: un monstruo peludo de pelo morado, ojos amarillos y orejas caídas que, en lugar de dar miedo, lo tiene. «Los niños disfrazados hacen caras raras», susurra. Luca, en vez de salir corriendo, se ríe bajito sin burlarse y le tiende la mano. Sin destripar el final, esa noche los dos descubren que Halloween puede ser pura diversión.

Qué aprenden los niños con esta historia

Este cuento de Halloween no terrorífico le da la vuelta al miedo: aquí el monstruo es quien se asusta. Luca le explica a Púa que un disfraz «es solo tela, y esto, pintura; por dentro sigo siendo Luca», una forma sencilla y cálida de mostrar a los más pequeños que lo que parece aterrador casi nunca lo es. La historia habla de empatía, de tender la mano a quien tiene miedo y de que los monstruos pueden ser amigos de verdad, sin un solo susto real ni sombras amenazantes.

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