
cuentosIA
El tren de las sílabas

Paci entró en su cuarto y vio un tren de juguete bajo la cama. No estaba allí por la mañana.
En cada vagón brillaba una sílaba. PA. CI. Paci sonrió.
—Vale, tren, hoy leemos tú y yo. El tren hizo CHU-CU, como si estornudara.

Paci acercó dos vagones. PA se pegó a CI con un clic suave. La palabra quedó clara: PA-CI.
El tren movió las ruedas.
—CHU-CU, CHU-CU, Paci va aquí.
Paci rió bajito. —¡Soy una palabra con zapatillas! Y subió al primer vagón sin miedo.

La primera estación olía a sol de ventana. En el andén había un vagón pequeño con tres letras: SOL.
Paci lo tocó con cuidado. El vagón saltó a la fila.
—CHU-CU, CHU-CU, PA-CI ve SOL.
—¡Y no quema nada!, dijo, muy serio.

Después llegó una estación azul y tranquila. Un vagón decía LU, otro decía NA. Paci los juntó despacio: LU-NA.
La palabra sonó redonda.
—CHU-CU, CHU-CU, PA-CI ve SOL y LU-NA.
Paci guiñó un ojo. —Luna, no te duermas todavía, que falta viaje.

El tren entró en una estación con olor a pan. Allí esperaban dos vagones: CA y SA. Paci los unió, y apareció CA-SA.
El tren dio un saltito: CLIN.
—CHU-CU, CHU-CU, PA-CI ve SOL, LU-NA y CA-SA.
Paci aplaudió. —¡Casa cabe en dos trozos!

Ya quedaban todos los vagones en fila. Paci respiró hondo, como antes de saltar un charco grande.
Leyó con el dedo, uno por uno: PA-CI, SOL, LU-NA, CA-SA.
El tren bajó la voz.
—Ahora todo seguido.
A Paci le cosquillearon las manos de alegría.

Paci miró la fila completa y leyó en voz alta:
—PA-CI ve SOL, LU-NA y CA-SA.
El tren cantó CHU-CU, CHU-CU hasta quedarse quieto. Paci tocó cada vagón con orgullo.
Esa noche, su cuarto pareció más grande, porque ya cabían muchas palabras.






