
cuentosIA
La vuelta al cole tras las vacaciones

Luca llegó al colegio con la mochila saltando a su espalda y el llavero robot haciendo CLIN CLIN. Después de meses de vacaciones, el patio olía a lápices nuevos y bocadillo.
Leo apareció corriendo.
—¡Tengo tres historias y media!
—¿Media?
—Me dormí antes del final.

Se sentaron en un escalón, como exploradores de septiembre. Luca contó que había construido un castillo de arena con túnel secreto, aunque el túnel acabó siendo garaje para chanclas.
Leo rió tanto que casi se atragantó con aire.
—Eso no es castillo. Es aparcamiento medieval.

Luego Leo explicó sus vacaciones: había aprendido a hacer volteretas en la hierba y una vez terminó mirando una nube al revés.
Luca, emocionado, sacó su móvil viejo de juguete para grabar sonidos.
—Diré que eres acróbata oficial.
Sin querer, pisó el dibujo de Leo.

Leo miró el dibujo arrugado. Era un mapa de su verano, con flechas, olas y una X enorme.
—¡Era mi tesoro!, protestó.
Luca quiso bromear, pero vio su cara.
—Perdón. He ido demasiado rápido, como robot con cosquillas.

Luca alisó el papel con cuidado, esquina por esquina. Después dejó su llavero robot encima, como pisapapeles serio. Muy serio. Casi importante.
—Cuéntame la X. Prometo no invadirla con chanclas.
Leo respiró hondo, sonrió un poco y señaló el centro.

La X era el día en que Leo se atrevió a saltar una ola pequeña. Le había dado miedo, pero pensó en Luca diciendo: “nivel superado”.
Luca se quedó quieto.
—¿Pensaste en mí?
—Claro. También pensé en patatas fritas. Pero primero en ti.

Sonó el timbre, RIIIING, y los dos guardaron el mapa con el robot vigilando. Luca propuso empezar el curso con una misión: escuchar antes de correr.
—Y correr después, pero sin pisar tesoros.
Entraron riendo, listos para estrenar cuadernos, recreos y nuevas aventuras juntos.






