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Viaje mágico al Polo Norte

Era Nochebuena y Lucía estaba en su habitación, contando las luces que parpadeaban al otro lado de la puerta. Entonces oyó un golpe en el salón: TOC. Dejó de contar. Olía a galletas y algo crujía junto al árbol. Se acercó de puntillas y asomó la cabeza.

Papá Noel colocaba regalos junto al árbol. Lucía cruzó los brazos.
—Abuelo, sé que eres tú disfrazado.
Papá Noel dejó el paquete y soltó un resoplido enorme.
—¡Disfrazado! ¡A mí nunca me habían dicho semejante cosa! Ahora mismo vas a ver dónde aparco mi trineo.

En un instante estaban junto al trineo. Papá Noel ayudó a Lucía a subir y ajustó bien su cinturón.
—Mi abuelo también sabe aparcar.
Papá Noel preguntó:
—¿Encima de una nube?
El trineo se elevó suavemente. Abajo, los tejados parecían islas entre copos de nieve.

Durante el reparto, Lucía sujetaba el saco mientras Papá Noel dejaba los paquetes. En una casa, ella rozó una campanilla: TILÍN.
—Esa campana es una chivata.
Papá Noel ahogó una carcajada. Después buscaron el siguiente regalo, pero el saco estaba vacío. Lucía lo sacudió por si acaso.

Papá Noel señaló el cielo.
—Al Polo Norte. Nos faltan unos cuantos.
Lucía apretó el cinturón. Volaron entre luces que bailaban hasta una casa donde olía a chocolate caliente. Dentro había estantes llenos de paquetes. Ella cogió el saco vacío y lo abrió de par en par.

En el Polo Norte, Lucía ayudó a preparar los regalos que faltaban. Papá Noel le acercó una taza de chocolate.
—¿Todavía crees que soy tu abuelo?
Ella sopló antes de beber.
—Primero tengo que probar el chocolate. Es una pista importante.
Él soltó una carcajada.

Después del último reparto, Lucía se durmió en el trineo. A la mañana siguiente despertó en su cama. ¿Había sido un sueño? Se levantó y corrió al salón. Junto al árbol estaban los regalos. Al agacharse para tocarlos, oyó TILÍN: llevaba una campanilla en el bolsillo.









