

Era Nochebuena y Lucia oyó un crujido en el salón oscuro.
Lucia avanzó descalza, pisando alfombra, conteniendo la risa nerviosa.

Junto al árbol estaba Papá Noel, colocando regalos con cuidado silencioso.
Lucia susurró: "¡Te pillé Abuelo! deja el disfraz". El hombre se quedó tieso, ofendido.

"¿Tu abuelo?" resopló Papá Noel. "Ven, Lucia , y mira mi trabajo."
Abrió la ventana y una ráfaga helada entró; ¡Estaba el trineo de Papá Noel!

Papá Noel pidió a Lucia le ayudase a repartir regalos en su trineo.
Volaron sobre chimeneas; Lucia dijo: "Perdón". Papá Noel gruñó: "Demuestra que lo sientes ayudando".

Lucia dejó un tren de madera en una casa, sin hacer ruido.
En otra puerta, el paquete se atascó; Lucia tiró demasiado y el papel se rasgó.

Papá Noel le dio cinta y Lucia reparó el regalo, despacito, respirando.
Cuando el saco quedó casi vacío, el trineo empezó a bajar; el viento rugía y Lucia apretó los dientes.

Aterrizaron en el Polo Norte para buscar más regalos entre montones brillantes.
Lucia encontró una caja sin etiqueta; escribió "Para quien lo necesite". Papá Noel asintió, ya menos serio.

De vuelta, Papá Noel sonrió: "No soy tu abuelo, Lucia ; soy tu confianza".
Al despertar, Lucia halló cinta dorada en su bolsillo y una nota: "Gracias por ayudar". Miró al árbol, sonriendo.






