

En Cangas de Onís, Sara esperaba el gran encendido de las luces de navidad con mucha ilusión.
Habia mucha gente, todos cantaban y sonreían.

Cuando llegó el momento del encendido, las luces no se iluminaron y hubo un gran silencio.
Los adultos fruncieron el ceño y los niños empezaron a llorar decepcionados.

Sara oyó un susurro y decidió mirar con cuidado.
Encontró una figura pequeña: un elfo .

El elfo temblaba sosteniendo una caja azul, triste porque había perdido la chispa.
Sara lo miró, y prometió ayudar sin dudar.

El elfo explicó que la chispa era una lucecita mágica que saltaba al cielo.
Esa noche la chispa no salía; el elfo había intentado soplar y no pudo. Por eso no se encendieron las luces.

Sara pensó: ¿podrá encender las luces de navidad con esa chispa?
Respiró hondo, decidió buscar dentro de la caja y encontró una luz apagada.

El elfo y Sara pensaban en una solución.
Entonces recordó las historias de su abuela sobre soplos llenos de ilusión.

Con voz firme Sara susurró palabras alegres y sopló con toda su ilusión.
La chispa subió, el puente estalló en luz y el pueblo aplaudió maravillado. ¡Feliz navidad!






