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El secreto de Sofía y el elfo de Navidad

Sofía tenía seis años y un deseo de Navidad que casi no le cabía dentro. Pero aquella noche abrazaba la almohada, desesperada. Había hecho demasiadas travesuras. ¿Y si Papá Noel no le traía su regalo soñado?
Mientras todos dormían, oyó un CRAC en el salón.

Sofía bajó con cuidado. Entre el olor a galletas, encontró a Chispita intentando pegar una galleta rota con cinta adhesiva de purpurina.
—Eso no se come.
—¡Es una reparación urgente! Soy Chispita, elfo de Papá Noel. Elfo Espía. He venido a completar tu informe final.

Sofía apretó las manos.
—Por favor, no apuntes mis travesuras.
Chispita desenrolló una lista que rozó las migas.
—Es larguísima. Pero Papá Noel también cuenta los Actos de Bondad. Falta una gran Acción de Bondad Navideña para equilibrar la balanza.
Sofía acercó una silla al elfo.

—Tenemos hasta el amanecer —dijo Chispita.
Sofía pensó en la vecina, que estaba enferma y no había podido poner su árbol.
—¡Su jardín necesita Navidad! ¡Vamos a ayudarla!
Salieron juntos. El frío les picó en las mejillas y la nieve crujió suavemente bajo sus pasos.

En el jardín, Sofía encontró un abeto sin adornos. Chispita agitó los dedos y aparecieron estrellas de hielo que no enfriaban.
—Yo alcanzo las ramas bajas —dijo Sofía.
Colgó cada estrella con cuidado. El elfo estornudó y una quedó flotando.
—Esa quería ser la primera.

Antes de colocar la última estrella, Sofía miró la ventana de la vecina.
—¿La verá desde la cama?
Chispita inclinó las ramas suavemente con su magia hacia la ventana.
—Ahora sí.
Sofía añadió una nota:
—Para que tengas Navidad en tu ventana.
Después encendieron las luces.

Chispita sacó su pluma mágica y escribió la última línea del informe:
—Gran Acto de Bondad Navideña: ¡Misión cumplida!
Después guiñó un ojo a Sofía y desapareció en una ráfaga de nieve brillante.
Ella regresó a casa. Al acostarse, todavía le olían las manos a abeto.









