

Sofía se despierta al oír un crujido en el salón. ¿Habrá alguien allí? ¡Sí: un elfo!
Avanza en silencio por el pasillo, descalza, con el corazón acelerado al reconocer lo que acaba de ver.

El elfo parece bueno y simpático, se llama Chispita, y le ve intentando pegar una galleta rota.
Chispita confiesa que es un Elfo Espía y está haciendo su informe final de Sofía a Papá Noel.

Sofía le suplica que borre sus travesuras: teme quedarse sin regalos esta Navidad, porque sabe que este año ha sido bastante traviesa.
Chispita le explica que también cuentan los Actos de Bondad, y que si hace uno especial, la balanza puede equilibrarse a su favor.

Le falta una gran Acción de Bondad, pero el tiempo se acaba antes del amanecer.
Sofía teme no encontrar nada a tiempo y Chispita duda de si podrán equilibrar la balanza. Aun así, no pierden la esperanza.

Sofía recuerda a su vecina, que está algo pachucha y este año no pudo montar el árbol de Navidad.
Ayudar a la vecina parece el mejor plan; van a su casa y se apresuran a ayudar a montar el árbol.

Como había poco tiempo Chispita usa su magia élfica; las luces titilan y salen copos diminutos.
Trabajan juntos montando el árbol, decorando con cuidado y cantando bajito para no despertar a nadie.

La vecina despierta con sorpresa y llora de alegría al ver el árbol encendido.
Sofía siente una mezcla de orgullo y comprensión: ayudar a los demás también ilumina algo dentro de uno mismo.

Chispita escribe la línea final en su informe a Papá Noel: «Gran Acto de Bondad Navideña: ¡Misión Cumplida!»
Con un guiño Chispita se desvanece. Sofía sonríe: sabe que la verdadera recompensa no es el informe, sino haber hecho un acto de bondad… seguirá ayudando a su vecina, mañana irá a hacerla galletas.






