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Lucas y la cometa que no quería volar

Lucas quiere ganar al viento, pero su cometa cae una y otra vez. Cuando está a punto de romperla, una niña le enseña que las cometas dejan pistas: primero hay que mirar, luego tirar.

InfantilPaciencia5–7 añosGratis
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Portada: Lucas y la cometa que no quería volar

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Lucas y la cometa que no quería volar

Ilustración de la escena 1: Lucas y la cometa que no quería volar
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Lucas llegó al parque decidido a ganar al viento. Plantó los pies, levantó su cometa y corrió como en una final.

La cometa subió medio palmo, giró raro y cayó sobre un banco. PLAF.

—Genial. Primer vuelo: aterrizaje en bocadillo, gruñó.

Ilustración de la escena 2: Lucas y la cometa que no quería volar
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Lo intentó otra vez. Y otra. La cometa chocó contra la hierba, luego contra sus zapatillas, como si quisiera volver a casa andando.

Lucas notó una tormenta dentro del pecho.

—No sirvo para esto. Ni ella tampoco, dijo, apretando las varillas.

Ilustración de la escena 3: Lucas y la cometa que no quería volar
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Antes de que la rompiera, una niña se acercó con una cuerda enrollada en la mano.

—Espera. Las cometas no se caen porque sí. Dejan pistas.

Lucas resopló.

—Pues la mía escribe novelas enteras en el suelo.

La niña sonrió y señaló el hilo.

Ilustración de la escena 4: Lucas y la cometa que no quería volar
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Miraron el nudo: estaba torcido. Luego probaron el viento con briznas de hierba. Lucas quería correr ya, pero la niña levantó una mano.

—Primero mira, luego tira. Como cuando chutas: no le das al balón con los ojos cerrados.

Eso sí lo entendió.

Ilustración de la escena 5: Lucas y la cometa que no quería volar
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Lucas respiró hondo. Aflojó el hilo, giró un poco y esperó la ráfaga. El nudo de su garganta seguía allí, pero ya no mandaba.

Corrió. La cometa tembló, bajó, casi cayó… y de pronto subió unos segundos, viva sobre el parque.

Ilustración de la escena 6: Lucas y la cometa que no quería volar
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No fue un vuelo perfecto. La cometa bajó haciendo una reverencia torpe, pero Lucas no la pisó ni gritó.

—Ha volado. Poco, pero ha volado.

Guardó la cuerda con cuidado. Cada caída ya no parecía un fracaso, sino una pista para volver a intentarlo mañana.

Contraportada: Lucas y la cometa que no quería volar

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Lucas y la cometa que no quería volar es un cuento infantil sobre la paciencia: ese momento en el que algo no sale, la frustración aprieta el pecho y aparece el impulso de romperlo todo.

Lucas llega al parque convencido de que va a "ganarle al viento". Su cometa cae una y otra vez, hasta que se acerca una niña con una cuerda en la mano y le enseña una idea sencilla: las cometas dejan pistas. Primero hay que mirar el nudo, leer el viento, y sólo después tirar. Lucas respira, espera la ráfaga, y el resultado no es perfecto, pero sí es vuelo.

Un cuento ideal para niños de 5 a 9 años a los que les cuesta esperar, que se enfadan cuando algo no sale a la primera, y para familias que quieren trabajar paciencia y autocontrol sin sermones.

Un cuento para niños que quieren todo "ya"

La paciencia infantil no se enseña pidiéndola: se enseña mostrando qué hacer en los segundos en los que la rabia empuja a soltar, romper o abandonar. Esa es la grieta donde entra esta historia. Lucas no recibe un sermón sobre "ser paciente"; aprende un gesto concreto -mirar, leer, esperar el viento- que sustituye al impulso de tirar más fuerte.

La metáfora de la cometa funciona porque cualquier niño la ha vivido en versión propia: una construcción que se cae, una bici que se desequilibra, un dibujo que sale torcido. El cuento no promete que con paciencia siempre ganas. Promete algo más útil: que cada caída es una pista, y que mejorar un poco también es una victoria.

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