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Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda

Hugo, Emma y Mateo llegan al parque y su árbol favorito tiene un cartel: será talado el lunes. Los tres hacen carteles con dibujos y faltas de ortografía. Los vecinos se suman. El lunes, el árbol sigue ahí. Descubren que su voz, aunque pequeña, importa.

InfantilEmociones6–8 añosGratis
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Portada: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda

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Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda

Ilustración de la escena 1: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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Todos los sábados, Emmita, Hugo y Mateo iban al parque. No corrían hacia los columpios primero. Iban derechos a su árbol, el plátano grande de ramas abiertas.

Debajo jugaban a tiendas, a trenes y a esconder tesoros. Aquel rincón ya parecía suyo.

Ilustración de la escena 2: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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Pero un sábado todo cambió. En el tronco colgaba un cartel blanco que se movía un poco con el aire.

Emmita lo leyó despacio: "Este árbol será talado el lunes". Hugo frunció el ceño. Aquellas palabras sonaban frías, como piedras en el zapato.

Ilustración de la escena 3: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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"¿Talado qué es?", preguntó.

Mateo miró el papel y respondió bajito: "Que lo van a cortar".

Hugo levantó la cabeza hacia las ramas. "¿Pero por qué?". Nadie supo contestar. Entonces Emmita apretó los labios. Dentro le nació una tormenta pequeña.

Ilustración de la escena 4: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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"Hay que hacer algo", dijo.

Mateo se encogió un poco. "Somos niños. Nadie nos va a escuchar".

Emmita se enfadó, pero no lloró. "Pues gritamos más fuerte". Hugo la miró como si acabara de encender una linterna en medio de la niebla.

Ilustración de la escena 5: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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Se sentaron en el suelo con cartulinas, ceras y pegamento. Hugo dibujó el árbol: un garabato verde con una raya marrón.

Emmita escribió muy seria: "NO CORTEIS NUESTRO ARBOL". Mateo pegó hojas secas alrededor. Trabajaron en silencio, con prisa y con ganas.

Ilustración de la escena 6: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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Luego colocaron los carteles alrededor del tronco. El pegamento no agarraba bien y una hoja salió volando. FLOP. Hugo corrió tras ella.

Cuando volvía, una señora mayor se paró frente a Emmita. "¿Qué hacéis aquí, pequeños?".

Ilustración de la escena 7: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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Emmita habló deprisa, con la voz temblando un poco. Le contó lo del cartel, lo del lunes y lo mucho que jugaban allí.

La señora miró el árbol y asintió despacio. "Yo también juego aquí con mi nieta". Y se quedó un buen rato.

Ilustración de la escena 8: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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Después llegó un padre empujando un carrito. Dentro iba un bebé medio dormido. El hombre leyó los carteles, levantó las cejas y sacó el móvil.

"Voy a hacer una foto", dijo. Mateo notó que el miedo se aflojaba un poquito, como un nudo.

Ilustración de la escena 9: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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El domingo se hizo larguísimo. El lunes, de camino al cole, Hugo pidió pasar por el parque. Emmita iba muy callada. Mateo también.

Al doblar la esquina, los tres miraron a la vez. Primero vieron el tronco. Luego las ramas. El árbol seguía allí.

Ilustración de la escena 10: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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Había más carteles pegados alrededor. Unos tenían letras torcidas. Otros, dibujos. Uno llevaba un papel oficial.

Emmita se acercó y leyó muy despacio: "Ayuntamiento: la tala ha sido suspendida temporalmente para revisión". Hugo pestañeó. Aquello sonaba larguísimo, como una serpiente de palabras.

Ilustración de la escena 11: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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"No entiendo nada", dijo.

Emmita sonrió por fin. "Que no lo cortan".

Entonces los tres se abrazaron debajo del árbol. Mateo apoyó una mano en el tronco, despacio, como quien da las gracias. En el pecho ya no tenía piedra. Tenía sitio para respirar.

Ilustración de la escena 12: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda
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"¿Veis? Sí que nos escuchan".

Emmita miró los carteles nuevos, hechos por otras manos. Ya no parecían tres voces sueltas. Sonaban juntas.

Antes de irse, Hugo dejó su dibujo al pie del tronco. Era pequeño y torcido, pero decía lo mismo que todos.

Contraportada: Hugo, Emma y el árbol que pedía ayuda

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Para un niño, un árbol no es madera. Es el sitio donde juega, donde se esconde, donde mira las hormigas. Cuando alguien quiere cortarlo, algo se rompe.

En este cuento, Hugo, Emma y Mateo descubren que su árbol favorito va a ser talado. Son pequeños y nadie les va a escuchar. O eso creen. Hacen carteles con garabatos y faltas de ortografía, los pegan en el tronco y algo empieza a cambiar.

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