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Hugo dice adiós a su chupete

Hugo tiene un tesoro. Es su chupete. A veces va en la boca. A veces en la mano. A veces en el bolsillo del pantalón. Hugo lo busca y lo toca, como si fuese una piedra suave. “Está”, dice. Mamá sonríe. En el parque, Hugo corre, se para, y vuelve a tocar su tesoro. Así se queda tranquilo.

Ese día, Hugo oye un llanto. Es un bebé en un carrito. Llora fuerte, como una sirena. Hugo se queda quieto. Mira al bebé. Mira su chupete. Se lo mete en la boca un segundo. Luego lo saca. Mamá está al lado. No dice nada. Solo mira a Hugo, despacio, como esperando.

Hugo camina despacio. Un pie. Luego el otro. El bebé abre la boca y tiembla la barbilla. Hugo aprieta el chupete con los dedos. Le da un poco de pena, como un nudo en la tripa. “Es mío…”, susurra Hugo. Pero el llanto le pica en las orejas. Hugo respira y se acerca más.

Hugo levanta la mano. El chupete tiembla un poquito. “Toma”, dice Hugo, muy bajito. El bebé lo mira, y luego lo agarra con sus manos gorditas. Chupa. El llanto se corta, como cuando se cierra un grifo. Se oye aire. Se oye calma. Hugo nota mariposas en la barriga. Pena… y también orgullo, como un sol dentro.

La mamá del bebé dice: “Gracias”. Hugo se esconde un poco detrás de la pierna de mamá. “Hugo lo ha prestado”, responde mamá. Hugo quiere decir: “No es un préstamo”. Pero se le queda dentro, mezclado. En el camino a casa, Hugo mete la mano al bolsillo. Está vacío. El bolsillo parece frío. Hugo traga saliva y mira a mamá.

Esa noche, Hugo busca el chupete en la cama. Nada. La barriga vuelve a apretarse. “Lo quiero”, dice Hugo, y los ojos se le mojan. Mamá le acaricia la espalda. “Te ha costado. Lo sé”, susurra. Hugo patalea un poco, enfadado y triste. Mamá canta más rato. Hugo aprieta su manta, fuerte, hasta que el aire se vuelve lento.

Al día siguiente, en el parque, Hugo oye un bebé reír. Hugo lo mira. No tiene su chupete, pero tiene otra cosa en el pecho, como una medalla calentita. Hugo se acerca a mamá y dice: “Hugo ayudó”. Mamá asiente: “Sí, ayudaste”. Hugo sigue jugando. A veces echa de menos su tesoro. Entonces pone la mano en la tripa y recuerda ese sol por dentro.






