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Valentina, Mateo y la luna que se escondió

Valentina, Mateo y Emma cenan en el jardín cuando una nube tapa la luna y todo se queda oscuro. Agarrados de la mano, caminan contando pasos. En el doce, Mateo pisa su propia zapatilla y grita. En el veinte, la luna vuelve. Y los tres descubren que juntos la oscuridad es más corta.

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Portada: Valentina, Mateo y la luna que se escondió

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Valentina, Mateo y la luna que se escondió

Ilustración de la escena 1: Valentina, Mateo y la luna que se escondió
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Emmita cenaba en el jardín con Mateo y Valentina. La noche olía a hierba y pan tostado. Arriba, la luna parecía un farol enorme.

De pronto, una nube la tapó. Todo se volvió negro. Valentina se agarró a Emmita. Mateo dejó la cuchara quieta.

Ilustración de la escena 2: Valentina, Mateo y la luna que se escondió
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Se oyeron los grillos: cri, cri. Luego, frufrú entre los arbustos. Mateo tragó saliva.

"Yo quiero entrar", dijo bajito. Pero la puerta estaba lejos, al otro lado del jardín. Emmita miró la oscuridad, respiró hondo y pensó un momento antes de hablar.

Ilustración de la escena 3: Valentina, Mateo y la luna que se escondió
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"Vamos juntos. Contamos pasos", propuso.

Valentina apretó su mano. Mateo cogió la otra. Los tres avanzaron despacio sobre la hierba fresca. "Uno". "Dos". "Tres". Sus voces pequeñas sonaron valientes, aunque el jardín seguía lleno de sombras y ruiditos.

Ilustración de la escena 4: Valentina, Mateo y la luna que se escondió
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Siguieron: cuatro, cinco, seis. A cada número, Emmita notaba a Valentina menos tensa.

Al llegar al doce, Mateo pisó algo blando y pegó un salto. AAAY. Se quedó helado. Emmita bajó la vista. Era una zapatilla caída. Durante un segundo, nadie habló. Después, los tres se rieron.

Ilustración de la escena 5: Valentina, Mateo y la luna que se escondió
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Otra vez contaron. Trece, catorce, quince. El aire ya no parecía tan raro. En el paso veinte, la nube se apartó y la luna volvió de golpe.

"Ha vuelto", susurró. "Siempre vuelve. Es una nube, no un ladrón". Mateo levantó la barbilla.

Ilustración de la escena 6: Valentina, Mateo y la luna que se escondió
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"Yo no tenía miedo", dijo.

Emmita y Valentina le miraron en silencio. Mateo se encogió un poco. "Bueno, un poco". Volvieron a la mesa y siguieron cenando. Miraron la luna de otra forma: podía esconderse, sí, pero también regresar. Y veinte pasos juntos no eran tantos.

Contraportada: Valentina, Mateo y la luna que se escondió

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La luna estaba ahí, enorme y brillante. Y de pronto, desapareció. Una nube, un jardín a oscuras y tres niños que no saben dónde está la puerta.

En este cuento, Valentina, Mateo y Emma se quedan a oscuras en el jardín una noche de verano. Cada uno tiene miedo a su manera: una se agarra, otro se queda quieto, la tercera propone contar pasos. Caminan juntos, agarrados de la mano: uno, dos, tres... En el paso doce, un susto que resulta ser una zapatilla. En el veinte, la luna vuelve.

Un cuento divertido y tierno sobre el miedo a la oscuridad. Porque veinte pasos agarrados de la mano no son tantos. Ilustrado y gratuito.

Guía para padres: el miedo a la oscuridad

El miedo a la oscuridad aparece habitualmente entre los 3 y los 7 años. Es normal, evolutivo y no significa que el niño tenga un problema. Su imaginación crece más rápido que su capacidad de distinguir lo real de lo inventado.

Lo que funciona: Acompañar sin minimizar. Decir "entiendo que tienes miedo" en vez de "no pasa nada". Proponer pequeños retos juntos: una linterna, contar pasos, respirar despacio. El miedo se encoge cuando hay alguien al lado.

Lo que enseña este cuento: Que el miedo no se supera solo, se comparte. Que una nube no es un ladrón. Que la luna siempre vuelve. Y que reírse de un susto es la mejor forma de hacerlo más pequeño.

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