

Sofía paseaba por la playa cuando encontró una tortuga herida.
La tortuga estaba enredada en redes y restos de pesca, muy débil.

Sofía sintió miedo, pero su corazón decidió ayudar sin dudar.
Corrió a buscar a los socorristas y habló con voz temblorosa.

Los expertos cortaron las redes con cuidado y la examinaron
Sofía esperó impaciente, con las manos frías y la mirada fija.

Le dijeron que la tortuga necesitaba rehabilitación en un centro
Sin pensarlo, Sofía pidió ser la cuidadora de la tortuga

En el centro aprendió a limpiar heridas y cuidarla
A veces, temió que la tortuga no resistiera, y lloraba angustiada.

Pero con su cuidado y mimo, la tortuga se recuperó.
Sofía recogía plásticos y hablaba con vecinos para prevenir cosas así.

Llegó el día de devolver a la tortuga al mar.
Sofía tuvo que decidir si dejarla ir o mantenerla por protección.

Con lágrimas y una sonrisa, dejó a la tortuga.
Desde ese momento, Sofía no volvió a mirar el mar igual.






