
cuentosIA
Misión Copos de Nieve

La mañana de Nochebuena, Iván extendió su lista de deseos numerada sobre la mesa de la cocina. Leyó cada cosa con su voz más seria.
Valentina dibujó un poni y luego otro. —El primero necesita compañía.
Iván asintió y dobló su larga lista dos veces, con mucho cuidado.

Al atardecer, Iván y Valentina se quedaron junto a la ventana que daba a la calle. Las luces brillaban en todas las casas menos en la de la señora Wren. En su ventana sin adornos solo parpadeaba la luz azul del televisor.
Valentina pegó la nariz al cristal frío. Contaron cuántas visitas tenía la señora: cero. —¿Por qué está sola esta noche?

Debajo de la mesa, Iván dio comienzo a una reunión ultrasecreta. Reunió papel, tijeras y tres reglas: crear, compartir y permanecer juntos. Su nombre en clave era Copos de Nieve.
—En voz baja, por favor. —¡EN VOZ BAJA!
Fueron apareciendo copos de nieve irregulares en filas torcidas, mientras los recortes cubrían el suelo como una pequeña ventisca de papel.

Más tarde, la cocina olía a galletas de jengibre y azúcar caliente. A Valentina le cayó harina en la nariz. Iván fue contando las galletas mientras las colocaba en el plato de las ocasiones especiales, tocando cada una con delicadeza.
Una galleta se partió con un suave CRAC. —Cuarta regla de la misión: nos comemos la que se ha roto.
Se repartieron las dos mitades, sonriendo.

Al caer la noche, Iván y Valentina se pusieron los abrigos y las botas y cruzaron la calle nevada. El frío les pellizcaba las mejillas. El corazón de Iván latía con fuerza mientras pegaban con cinta adhesiva cada copo de papel a la ventana de la señora Wren.
Valentina dejó el plato de galletas junto a la puerta. Iván revisó cada copo dos veces.

Luego se quedaron ante la puerta y empezaron a cantar un villancico. Valentina empezó en un tono demasiado agudo; Iván, en uno demasiado grave. A mitad de la canción, sus voces se encontraron y terminaron juntos.
La señora Wren abrió la puerta. La luz llenó su ventana adornada de nieve. Su sonrisa brillaba más que todas las guirnaldas de luces de alrededor.

La mañana de Navidad, los regalos eran preciosos, de verdad que sí. Pero Iván y Valentina no dejaban de contar la historia de la misión Copos de Nieve: dos veces durante el desayuno y otra más con la boca llena.
Iván colocó junto al árbol un copo de nieve que había sobrado. El mejor regalo no estaba debajo del árbol. Lo habían creado, llevado, cantado y regalado.






