
cuentosIA
Lara en el reino de los ponis

Lara soñaba con un lugar lleno de ponis. Una tarde, descubrió huellas brillantes entre los árboles. Las siguió, aunque una giraba en círculos, como si su dueño hubiese olvidado adónde iba.
Tras un PLIN, apareció una puerta.
—Vale, esto no ocurre todos los martes, murmuró.

Al cruzarla, Lara llegó a un reino de nubes saltarinas y caminos de colores. Los ponis hablaban, volaban y encendían flores con pequeños hechizos.
Nube aterrizó frente a ella con una reverencia tan elegante que acabó sentado.
—Era parte del saludo, aseguró.
Lara soltó una risita.

Entonces, el cielo parpadeó. La Estrella Arcoíris perdía su luz y el reino empezaba a ponerse gris. Nube explicó la regla mágica: cada poder solo funcionaba al ayudar y gastaba una chispa de valor.
—Me quedan tres chispas.
Estornudó, y una convirtió una piedra en flan.

Partieron hacia el Valle del Eco, donde el puente repetía cualquier duda hasta hacerla enorme. Lara sintió cosquillas de miedo, pero tuvo una idea.
—Diremos cosas que nos den ánimo.
—¡Y calcetines!
El eco repitió aquella palabra y el puente apareció temblando de risa.

Más adelante, una cascada subía en vez de caer. Detrás brillaba la Estrella, atrapada en una burbuja oscura. Nube quiso volar hasta ella, pero el viento lo devolvió tres veces.
La última, aterrizó con una hoja en la cabeza.
—Plan perfecto... casi.
Lara observó las gotas, pensativa.

Lara comprendió que no necesitaban vencer al viento, sino pedirle ayuda. Usó una chispa para formar un molinete. Nube usó otra para elevarlo. Juntos guiaron la cascada hacia la burbuja.
PLOF
La prisión se rompió y la Estrella resplandeció.
—Lo logramos confiando.
—Y despeinándonos muchísimo, respondió feliz.

El reino recuperó sus colores y los ponis dibujaron arcoíris al volar. Nube guardó la última chispa.
—Para cuando alguien olvide que puede.
Antes de volver, Lara dejó junto a la puerta un molinete de recuerdo. Desde entonces, cuando dudaba, lo hacía girar. A veces también buscaba calcetines.






