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La leyenda de la planta 38

Tomás se jubila tras 31 años en la planta 38 y su cuento repasa sus batallas de oficina: el fax de 1994, Fráncfort en zapatillas y su duelo con Míster Recorte.

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Portada: La leyenda de la planta 38

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La leyenda de la planta 38

Para Tomás, que sobrevivió a siete reorganizaciones, tres fusiones y a Míster Recorte. Gracias por enseñarnos que todo se arregla con un café. Tu equipo de la planta 38.

Ilustración de la escena 1: La leyenda de la planta 38
01

El último viernes de Tomás Arribas en la planta 38 de la Torre Picasso, Madrid, merecía epopeya. Tras 31 años dirigiendo operaciones, recordaba 1994: maletín, móvil como ladrillo y un fax escupiendo tres metros de bienvenida. Tardó una semana en encontrar café. La paciencia empezó allí su carrera.

Ilustración de la escena 2: La leyenda de la planta 38
02

En 2006, a las cuatro de la mañana, Tomás conquistó el contrato del siglo en la sala VIP del aeropuerto de Fráncfort. La aerolínea había perdido otra vez su maleta. Negoció con traje, corbata y zapatillas de hotel.

—Blancas. La rendición debía parecer formal.

Ilustración de la escena 3: La leyenda de la planta 38
03

En 2008 llegó la derrota: videollamada de La Central a las tres de la mañana. Desde su cocina, Tomás pronunció su mejor discurso, brazos arriba, camisa, corbata y pantalón de pijama de rayas. El chat dictó sentencia:

—Tomás, estás en mute.

Ni siquiera pudo presumir de aplausos.

Ilustración de la escena 4: La leyenda de la planta 38
04

En 2009, Irene llegó de becaria: temblaba en reuniones; nadie quería contratarla. Tomás le acercó una taza.

—Primero el café, luego el Excel.

Hoy Irene dirigía la planta. En su despacho conservaba aquella primera foto juntos.

—Me quedo con tu método.

Tomás fingió estudiar los derechos de autor.

Ilustración de la escena 5: La leyenda de la planta 38
05

Aquel viernes, en la sala de cristal, Tomás desenrolló su presentación como una espada:

—Paella para todos.

El equipo alzó una paellera vacía. Míster Recorte, director financiero, levantó sus tijeras doradas: no había presupuesto. Llevaba 31 años repitiéndolo. Irene anunció:

—La leyenda de la planta 38 exige arroz.

Ilustración de la escena 6: La leyenda de la planta 38
06

Míster Recorte pagó la paella sin revelar la partida y hasta brindó. Comieron en la terraza; Tomás saboreó aquella victoria sin consultar indicadores. Antes de irse, activó en su ordenador la respuesta automática:

—Fuera de la oficina… indefinidamente.

Su nuevo comité de dirección son su nieta y su perro.

Contraportada: La leyenda de la planta 38

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Cuento para adultos · Jubilación con humor

La leyenda de la planta 38 es el cuento de jubilación de Tomás Arribas, director de operaciones, que se despide tras 31 años en la planta 38 de la Torre Picasso, en Madrid. Empieza en su último viernes y salta enseguida a 1994: un maletín, un móvil del tamaño de un ladrillo y un fax que le da la bienvenida escupiendo tres metros de papel.

Desde ahí, el cuento repasa sus batallas de oficina como si fueran una epopeya: el contrato del siglo, firmado de madrugada en Fráncfort con zapatillas de hotel; la videollamada de las tres de la mañana con La Central; y aquella becaria a la que nadie quería contratar. Por encima de todas, su duelo con Míster Recorte, el director financiero que lleva treinta y un años diciendo que no hay presupuesto.

Es un cuento para adultos pensado para reír en una despedida: para leerlo en voz alta en la comida del equipo, para regalarlo impreso a quien se jubila o para inspirarse antes de escribir el de un compañero.

Un regalo de jubilación contado como una leyenda

Cada página de La leyenda de la planta 38 es una batalla y su año. El cuento abre el último viernes de Tomás en la oficina y vuelve atrás, a su primer día en 1994, cuando todavía tenía el bigote oscuro y tardó una semana en encontrar la máquina del café. Las ilustraciones lo acompañan en cada etapa: joven y con traje recién estrenado al principio, con canas en las sienes a mitad de carrera y con el pelo blanco en la despedida.

No hay nada de épico en una oficina, salvo cuando se cuenta así. El humor sale de lo que cualquiera que haya trabajado en una multinacional reconoce: las reuniones a deshoras, las maletas perdidas, el presupuesto que nunca llega.

Tomás en 1994, con bigote oscuro, habla por un móvil enorme en una oficina de ordenadores beis mientras un fax escupe metros de papel
1994: el primer día de Tomás en la planta 38, con maletín, móvil de ladrillo y un fax que no paraba.

Las batallas que cuenta el cuento

Tomás no gana todas, y ahí está la gracia. El cuento mezcla las victorias que salen en la memoria anual con las derrotas que el equipo le sigue recordando en las cenas.

  • El primer día: un fax que escupe tres metros de bienvenida y una semana buscando el café.
  • Fráncfort, a las cuatro de la mañana: el contrato del siglo, firmado con traje, corbata y zapatillas de hotel porque la aerolínea le había perdido la maleta otra vez.
  • La videollamada de las tres: el mejor discurso de su vida, con los brazos en alto y pantalón de pijama de rayas.
  • La becaria que temblaba en las reuniones: Irene, que aprendió de él un truco que hoy sigue usando.
—Primero el café, luego el Excel.
Tomás, de noche en su cocina con camisa, corbata y pantalón de pijama de rayas, da un discurso con los brazos en alto ante una videollamada
La videollamada de las tres de la mañana: su mejor discurso, con un pequeño problema de sonido.

Imagina el de tu compañero

Ahora cambia a Tomás por quien se jubila en tu oficina. Su primer día, el viaje del que todavía se habla, la reunión que salió fatal y la persona a la que enseñó todo lo que sabe. Su gran enemigo puede ser un director financiero, un departamento entero o la impresora del tercero: en estos cuentos nadie sale mal parado. Con una foto suya, el protagonista se le parece, de joven y con las canas de ahora.

Cómo funciona

  1. Cuéntanos sus batallas. Quién es, dónde trabajaba, qué ganó, qué perdió y quién era su rival.
  2. Lee y ajusta el texto. Lo revisas entero y cambias lo que quieras antes de que se ilustre.
  3. En unos minutos, su cuento. Lo lees online, lo descargas en PDF o lo pides impreso para la despedida.

Por qué funciona como regalo de jubilación

Una jubilación suele despedirse con una placa, una tarjeta firmada por todos o un reloj que acaba en un cajón. Un cuento con sus batallas se lee en voz alta en la comida de despedida, hace reír a quien estuvo allí y se queda en casa, en la estantería, para enseñarlo a los nietos. Si estás buscando un regalo de jubilación original, este es el formato: su historia, ilustrada y con una dedicatoria del equipo.

¿Puede ser emotivo en vez de divertido?

Sí. Al crearlo eliges el tono: de risa como este, nostálgico o de los que emocionan.

¿Pueden salir varios compañeros?

Sí: hasta cuatro personajes con su foto en cada cuento que compras, y dos en el primero, el gratuito.

Convierte las batallas de tu compañero en un cuento con su cara y su nombre.

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