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La reserva sigue en pie

Paco y Maribel llegan al restaurante de su primer aniversario y encuentran una tienda de móviles. Su hija Maya saca una servilleta con el menú de aquella noche y la cena de sus bodas de plata se rescata en la cocina de casa, un plato por año.

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Portada: La reserva sigue en pie

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La reserva sigue en pie

Ilustración de la escena 1: La reserva sigue en pie
01

Paco y Maribel llegaron cogidos del brazo a la dirección de su primer aniversario. Donde recordaban manteles blancos y sopa humeante, brillaba una tienda de móviles. Paco miró el escaparate, luego a Maribel.

—Bueno, cariño, cobertura sí que tienen.

Ella soltó una carcajada.

Ilustración de la escena 2: La reserva sigue en pie
02

Maya aguardaba junto a la puerta, demasiado tranquila para ser inocente. Sacó del bolso una servilleta amarillenta, cubierta con la letra de Maribel: el menú original.

—El restaurante ha cerrado, pero la reserva sigue en pie.

Paco arqueó una ceja.

—Eso suena preocupantemente organizado.

Ilustración de la escena 3: La reserva sigue en pie
03

En casa, Maya distribuyó tareas y preguntas: tiempos, cantidades, recuerdos. Maribel preparó el arroz; Paco cortó verduras con parsimonia de domingo. El olor los devolvió a la mudanza, cuando olvidaron la cazuela.

—También estrenamos el detector de humo.

—Inversión amortizada.

Ilustración de la escena 4: La reserva sigue en pie
04

Después llegó la tarta, ligeramente torcida y orgullosa. Maribel rozó con el dedo una esquina del plato. Recordó la del nacimiento de Maya, comida a deshoras entre cansancio y asombro. Maya quiso saber cada detalle; Paco respondió tres y adornó discretamente otros dos.

Ilustración de la escena 5: La reserva sigue en pie
05

Al descorchar el vino, el corcho cayó dentro con un plop poco elegante. Paco reconoció aquella botella: la misma clase que abrieron cuando perdió el trabajo. Habían decidido guardar la noticia hasta el postre, como si el azúcar pudiera negociar con las facturas.

Ilustración de la escena 6: La reserva sigue en pie
06

Maribel sirvió las copas sin apartar los ojos de Paco. Él giró la suya, emocionado y fugitivo.

—Salimos de aquello.

—Y de cosas peores: tus arroces.

Maya rio, pero después alisó la servilleta con cuidado. Veinticinco años cabían allí, manchados y legibles.

Ilustración de la escena 7: La reserva sigue en pie
07

Días después, la servilleta quedó enmarcada en la cocina. Paco contempló el menú, comprobó el arroz y levantó su copa. Ya no dijo «algún día».

—Por lo que salió bien, incluso cuando salió regular.

Maribel y Maya brindaron con él. La casa olía a tarta.

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Cuento para adultos · Bodas de plata

La reserva sigue en pie empieza en una acera, de noche, delante de un escaparate lleno de móviles. Paco y Maribel han vuelto, cogidos del brazo, a la dirección de su primer aniversario, donde recordaban manteles blancos y sopa humeante. Paco mira el escaparate, luego a Maribel, y resume veinticinco años de matrimonio en una frase: cobertura sí que tienen.

Junto a la puerta espera Maya, su hija, demasiado tranquila para ser inocente, con una servilleta amarillenta escrita con la letra de Maribel: el menú de aquella noche. La cena se rescata en la cocina de casa y cada plato trae un año consigo: el arroz que huele a la mudanza y a la cazuela olvidada, la tarta torcida que recuerda otra tarta comida a deshoras cuando nació Maya, y una botella de vino igual que la que abrieron el año en que Paco se quedó sin trabajo y decidieron guardar la noticia hasta el postre.

Es un cuento para adultos, cálido y con humor cotidiano, pensado para regalar en unas bodas de plata o en cualquier aniversario con muchos años detrás, y también para que unos hijos se lo lean a sus padres en la sobremesa. Se lee en diez minutos y no necesita que nadie se ponga solemne.

Un restaurante que ya no existe

Hay aniversarios que se celebran con un viaje y aniversarios que se celebran con un plan que sale al revés. El de Paco y Maribel es de los segundos: el restaurante de su primer aniversario, veinticuatro años después, es una tienda de móviles con un cartel que promete conectar contigo. La sorpresa la tenía preparada Maya, y la sorpresa se ha hundido en la acera antes de empezar.

Lo que salva la noche es una servilleta. Maribel apuntó aquel menú hace un cuarto de siglo y Maya lo ha guardado como quien guarda una prueba. Con la servilleta en la mano, la familia vuelve a casa y convierte la cocina en el restaurante que ya no existe, plato por plato y año por año.

Maya enseña a Maribel la servilleta con el menú original frente a la tienda de móviles mientras Paco mira sorprendido
El restaurante ha cerrado, pero la reserva sigue en pie.

Un plato por cada año

La cena avanza como avanza una vida larga: sin grandes discursos y con muchos detalles que solo entienden los que estaban. Estos son los que recorre el cuento, sin contar cómo termina la sobremesa:

  • El arroz: Maribel lo prepara mientras Paco corta verduras con parsimonia de domingo, y el olor los devuelve a la mudanza en la que olvidaron la cazuela y estrenaron el detector de humo.
  • La tarta: ligeramente torcida y orgullosa, como la que comieron a deshoras, entre cansancio y asombro, el día que nació Maya.
  • El vino: la misma clase de botella que abrieron cuando Paco perdió el trabajo y decidieron guardar la noticia hasta el postre, como si el azúcar pudiera negociar con las facturas.
  • La servilleta: manchada y legible, con veinticinco años cabiendo en ella.

—El restaurante ha cerrado, pero la reserva sigue en pie.

—Eso suena preocupantemente organizado.

Maribel remueve el arroz en la sartén, Paco corta tomates y Maya lee la servilleta en la cocina de casa
El olor del arroz los devolvió a la mudanza y a la cazuela olvidada.

Imagina el menú de vuestros padres

Paco, Maribel y Maya son los protagonistas de este cuento, pero la receta es de cualquier familia: un restaurante que cerró, un plato que salió regular y se convirtió en leyenda, una noticia que se guardó hasta el postre. Lo que hace único el cuento no es la trama, sino los nombres, las caras y los detalles que solo vosotros sabéis.

En cuentosIA puedes crear ese mismo libro con las fotos de tus padres y las anécdotas de sus veinticinco años, con la cocina de siempre y el arroz de siempre. Las ilustraciones parten de una foto de cada protagonista, así que quien descorcha la botella y quien alisa la servilleta serán ellos.

Cómo se hace vuestro cuento

  1. Subes una foto de cada protagonista y cuentas las anécdotas: el restaurante, la mudanza, la tarta, lo que se guardó hasta el postre.
  2. Eliges el estilo de ilustración y el tono, del humor cotidiano de este cuento a algo más emotivo.
  3. En unos minutos lo tienes listo para leerlo online, descargarlo en PDF o encargarlo impreso en tapa dura y envolverlo.

Por qué funciona como regalo de bodas de plata

Los regalos de aniversario de los hijos a los padres suelen fallar por exceso: el viaje demasiado grande, la cena demasiado cara. Este cuento apuesta por lo contrario, por demostrar que alguien estuvo atento durante veinticinco años, y por eso encaja tanto en una comida familiar como leído en voz alta en el brindis.

En la colección de cuentos de aniversario personalizados hay más ideas para la fecha, desde un primer año en pareja hasta un cuarto de siglo como este.

Paco descorcha la botella de vino junto a la tarta mientras Maya se tapa la boca y Maribel sostiene su copa
El corcho cayó dentro con un plop poco elegante, como la primera vez.

¿Se puede leer gratis?

Sí. El cuento completo está en esta misma página, con todas sus ilustraciones, sin registro ni descarga previa.

¿Sirve para otros aniversarios además de las bodas de plata?

Sí. La estructura de un plato por año funciona para diez, veinte o cuarenta años; solo cambia la longitud del menú.

¿Pueden aparecer los hijos y los nietos?

Sí. Puedes añadir tantos personajes como quieras, cada uno con su foto, y elegir quién descubre la servilleta.

Convierte los veinticinco años de tus padres en un cuento con sus caras y sus nombres.

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