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Kylian y las alianzas mágicas

A la sombra de los molinos, el viento jugaba entre las flores y hacía cosquillas a las servilletas. José bostezó dos veces, pero sonrió muy despierto al ver a Kylian.
Elena abrió una cajita dorada y dijo bajito:
—Tenemos una misión importante. ¿Puedes cuidar las alianzas hasta el “sí, quiero”?
Kylian se tocó el bolsillo secreto.
—Vale. Mi bolsillo es magico.
José soltó una risa suave.

Kylian guardó las alianzas. Dentro del bolsillo hicieron clin, clin, como dos campanillas con prisa. José puso cara de guardián valiente.
—Si se duermen, yo las acompaño.
Elena se rió.
—No, José, hoy nadie se duerme.
Entonces pasó algo raro. Las alianzas brillaron, dieron un saltito y rodaron fuera del bolsillo. Kylian abrió mucho los ojos.
—¡Eh, volved, traviesas!

Las alianzas dieron vueltas por el Posito Real. No iban rápido; iban con calma rodando. Primero rodearon un jarrón. Luego pasaron bajo una mesa. Después chocaron con una servilleta y dijeron plin.
Kylian corrió detrás, pero sin pisar las flores.
—Regla de magia: solo brillan si alguien las cuida contento.
José aplaudió despacito.
—Pues tú cuidas contentísimo.
Elena miró el suelo, curiosa, buscando destellos pequeños.

Kylian miró detrás de las flores. Nada. Miró bajo las mesas. Solo encontró una miga con forma de barco. La miga no ayudaba, pero parecía lista para navegar.
Elena señaló un diente de león que había entrado desde el jardín.
—Quizá el viento sabe por dónde fueron.
Kylian sopló con cuidado. Los pelitos volaron en fila, como flechas blanditas. José susurró:
—Yo también quiero flechas que no pinchen.

Los pelitos del diente de león bajaron hasta un camino de luz. Allí, junto a una pata de mesa, las alianzas daban vueltas, mareadas de tanto juego.
—¡Aquí estáis! Ahora, al bolsillo tranquilas.
Pero las alianzas hicieron clin y quisieron rodar otra vez. Kylian no las agarró fuerte. Puso la mano como cuenco y cantó bajito. La magia obedeció, porque la regla era clara: cariño primero, prisa después. José guiñó un ojo.

Llegó el momento. Kylian caminó despacio, muy serio y orgulloso, con las alianzas quietas en su mano. José sonrió ilusionado. Elena parecía guardar un sueño bonito en los ojos.
Kylian entregó las alianzas.
—Sí, quiero.
—Sí, quiero.
Las alianzas brillaron sin escaparse. Kylian sonrió orgulloso.
—Misión cumplida. Rosquillas traviesas.
José y Elena rieron. El viento llevó un gracias a Kylian, la mejor muestra de nuestro amor. ❤️






