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Los algún día de Paco

Paco cumple cincuenta y cinco y sus hijos le regalan una libreta que llevan años escribiendo en secreto: todas las veces que le oyeron decir «algún día». Un cuento para adultos sobre la vida que ya has vivido sin darte cuenta.

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Portada: Los algún día de Paco

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Los algún día de Paco

Ilustración de la escena 1: Los algún día de Paco
01

Paco cumplió cincuenta y cinco con tres tazas sobre la mesa y una libreta de tapas gastadas. Una mano la dejó frente a él. Sus hijos llevaban años escribiéndola en secreto: cada página guardaba una frase suya, repetida como una puerta entornada.

—Esto promete problemas, murmuró, sonriendo.

Ilustración de la escena 2: Los algún día de Paco
02

La primera página decía:

—Algún día aprendo a nadar.

Paco recordó la piscina municipal, el gorro mal puesto, el agua por las rodillas y aquella línea azul del fondo que parecía juzgarlo. Había entrado porque su hija pequeña no soltaba el bordillo. Sin proponérselo, aprendió acompañándola.

Ilustración de la escena 3: Los algún día de Paco
03

Otra hoja devolvía el garaje: cajas apiladas, la mesa enterrada y tornillos ordenados por tamaño en tarros de cristal. El supuesto taller seguía esperando su inauguración solemne.

Pero las páginas enumeraban bicicletas reparadas durante años. Paco acarició el margen y admitió:

—Vale, quizá abrí sin cortar la cinta.

Ilustración de la escena 4: Los algún día de Paco
04

Después apareció Cádiz: la maleta olvidada sobre el armario, la postal descolorida en la nevera, presa bajo un imán de otra ciudad. Paco sintió primero la punzada del viaje aplazado.

Luego leyó que Cádiz regresaba cada domingo, en su pescado frito y aquella canción que canturreaba sin recordar su origen.

Ilustración de la escena 5: Los algún día de Paco
05

La página siguiente pesaba más: el número de su hermano, sabido de memoria; el móvil en la mano un domingo; la televisión encendida y muda. Allí no había una victoria escondida.

Paco cerró la libreta. El silencio se tensó entre las tres tazas. Algún día, pensó, ya no bastaba.

Ilustración de la escena 6: Los algún día de Paco
06

Al volver a abrirla, encontró tres frases tachadas: nadar, montar el taller, regresar a Cádiz. Sus hijos no le reclamaban tiempo perdido; le mostraban cuánto había vivido mientras creía estar posponiéndose.

Paco respiró despacio, disimulando el brillo de los ojos.

—Menos mal que no cobráis intereses.

Ilustración de la escena 7: Los algún día de Paco
07

En la última página, algún día estaba tachado. Encima, la libreta proponía:

—El jueves que viene.

Junto a ella esperaba un bolígrafo y, detrás, una hoja en blanco. Tras anotar la llamada y la hora, Paco dejó el móvil preparado y alzó una taza.

—El jueves, entonces.

Contraportada: Los algún día de Paco

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Cuento para adultos · Regalo de cumpleaños

Los algún día de Paco empieza con tres tazas sobre la mesa y una libreta de tapas gastadas que una mano deja delante de él. Paco acaba de cumplir cincuenta y cinco años. Sus hijos llevan años escribiendo esa libreta en secreto y en cada página hay una frase suya, repetida durante décadas como una puerta entornada: «algún día».

El libro recorre esos «algún día» uno por uno y sin un solo reproche. Algún día aprendo a nadar, y aparece la piscina municipal con el gorro mal puesto y aquella línea azul del fondo que parecía juzgarlo. Algún día monto el taller en el garaje, y aparecen las cajas apiladas, la mesa enterrada debajo de todo y los tornillos ordenados por tamaño en tarros de cristal. Algún día vuelvo a Cádiz, y aparece la maleta olvidada encima del armario junto a una postal descolorida, presa en la nevera bajo un imán de otra ciudad.

Es un cuento escrito para adultos: se lee en diez minutos, se regala en un cumpleaños y se relee en voz alta cuando ya se han marchado los invitados. Funciona especialmente bien para celebrar los cincuenta, los sesenta o cualquier cifra redonda de esas que dan por mirar hacia atrás, y para quien nunca sabe qué pedir por su cumpleaños.

Una libreta con todos sus «algún día»

Paco tiene cincuenta y cinco años y una costumbre que nunca supo que tenía: aplazarse. No por pereza, sino por ese orden doméstico en el que siempre hay algo más urgente que lo propio. Sus tres hijos, ya adultos, detectaron el patrón hace mucho y decidieron hacer algo tranquilo y bastante astuto con él: apuntarlo. Cada vez que su padre soltaba la frase, ellos la anotaban en una libreta de tapas gastadas, sin decirle nada, durante años.

El resultado es el regalo que abre este cuento. Página a página, la libreta le devuelve sus propios aplazamientos convertidos en escenas: la piscina municipal, el garaje que iba a ser taller, una postal de Cádiz sujeta con un imán, el número de teléfono de su hermano sabido de memoria. No hay ajuste de cuentas en ninguna de esas páginas. Hay algo bastante mejor, pero para saberlo hay que llegar al final.

Paco en el borde de la piscina municipal, con el gorro mal puesto y el agua por las rodillas
Entró al agua por su hija pequeña, que no soltaba el bordillo, y acabó aprendiendo él.

Qué encontrarás dentro

Este no es un cuento de moraleja grande ni de golpe de efecto. Es un inventario cariñoso, casi de inventario doméstico, que va acumulando sentido según avanza. Lo que se lleva quien lo lee es bastante concreto:

  • Que hay cosas que uno cumple sin enterarse: Paco aprendió a nadar el verano que se metió en el agua para acompañar a su hija.
  • Que el taller del garaje llevaba años abierto, solo que él lo llamaba «voy a mirarle la bici a alguien».
  • Que un lugar también vuelve en la manera de freír el pescado un domingo y en una canción que se canturrea sin recordar de dónde salió.
  • Y que hay un «algún día» que no tiene trampa ni victoria escondida, y que es exactamente el que hay que poner en el calendario.
—Esto promete problemas —murmuró Paco, sonriendo, con la libreta todavía cerrada delante de las tres tazas.
La maleta de Paco encima del armario y la postal descolorida de Cádiz sujeta en la nevera
Cádiz llevaba años esperando arriba del armario, y bajando cada domingo sin avisar.

Imagina esta misma libreta con su nombre

Lo que hace que este cuento funcione no es Paco: es que todo el mundo tiene un Paco cerca. Un padre que siempre dice que algún día arreglará la persiana. Una madre que lleva quince años a punto de apuntarse a cerámica. Un amigo que jura que este año sí vuelve al pueblo. Cambia el nombre, la ciudad y los cuatro «algún día» y el libro deja de ser una historia bonita para convertirse en un regalo que solo se le puede hacer a esa persona.

En cuentosIA puedes crear exactamente eso: un cuento con su cara, su nombre y las frases que de verdad repite en la mesa de la cocina. La aventura la eliges tú; el protagonista, también.

Cómo se hace el tuyo

  1. Subes una foto suya y cuentas en dos líneas quién es y qué celebráis.
  2. Eliges el estilo de las ilustraciones y el tono: emotivo, con humor o las dos cosas a la vez.
  3. En unos minutos lo tienes listo para leer online, descargar en PDF o pedirlo impreso en tapa dura.

Por qué funciona tan bien como regalo de cumpleaños

A partir de cierta edad el problema del cumpleaños no es el dinero: es que la persona ya tiene todo lo que necesita y no quiere nada más que ocupe sitio. Un libro protagonizado por ella resuelve justo eso. No compite con nada de lo que ya tiene, se lee en voz alta durante la comida, hace reír a los que llevan cuarenta años oyendo esas mismas frases y se queda en la estantería del salón, no en un cajón.

Es también un regalo que se puede hacer entre varios: los hijos, los hermanos, el grupo de siempre. Cada uno aporta una anécdota y el libro se encarga del resto.

Paco con el móvil en la mano un domingo por la tarde y la televisión encendida sin volumen
Hay una página que no trae ninguna victoria escondida, y es la que lo cambia todo.

¿Es un cuento para niños o para adultos?

Para adultos. El tono, el vocabulario y el tema están pensados para leerse a partir de los dieciocho, y encaja especialmente bien en cumpleaños de cuarenta, cincuenta o sesenta años.

¿Cuánto se tarda en tener uno personalizado?

Unos minutos desde que subes la foto. Después puedes leerlo online, descargar el PDF o encargar la edición impresa si quieres entregarlo en mano el día de la celebración.

¿Sirve para otras celebraciones además del cumpleaños?

Sí. La misma idea funciona para una jubilación, un aniversario de bodas o una despedida, cambiando las frases que recopila la libreta.

Si el regalo es para una fecha redonda, en la colección de cuentos de cumpleaños hay más historias para leer en voz alta antes de soplar las velas.

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También puedes imprimirlo en casa. Aquí te explicamos cómo.

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