
cuentosIA
La bruja del número 13

Era Halloween y las casas brillaban con calabazas y luces, salvo la del número 13. Allí, un gato negro esperaba en la valla. Los niños decían que vivía una bruja.
Lara, disfrazada de vampira, se escondió detrás de ellos. Su hermano Hugo siguió mirando aquella casa.

Hugo, disfrazado de calabaza, tiró de Lara.
—Hay una vela. Y caramelos.
En la ventana ardía una llamita. Junto a la puerta esperaba un cuenco. Nadie se acercaba. El gato bajó al jardín y se detuvo.
—Creo que quiere enseñarnos el camino.
Lara cogió la mano de Hugo.

Lara empujó la verja. ÑIIII. Las sombras de las ramas bailaban sobre el sendero. El gato avanzaba despacio y esperaba cuando ellos paraban. Lara apretó la mano de Hugo.
—Vamos a jugar a descubrir qué bruja prepara caramelos.
Al llegar, Hugo llamó dando tres golpecitos suaves.

La puerta se abrió: una silueta con sombrero puntiagudo. Lara retrocedió, pero olía a galletas.
—Soy Maribel. Llevaba tres Halloween esperando que alguien llamara.
Dentro no había calderos ni pociones. Había sopa de calabaza, galletas recién hechas y una mesa preparada para tallar farolillos.

Maribel les sirvió sopa calentita. Después, Lara dibujó una sonrisa en una calabaza y Hugo eligió dónde poner los ojos. Maribel les enseñó a vaciarla con cucharas y se encargó de cortar.
—La que tenía miedo era yo. Pensaba que nadie querría visitarme.
Lara dejó su cuchara.

—Pues vamos a llenar la casa.
Lara salió a la calle y llamó a los demás niños.
—¡Venid! La bruja del número 13 hace unas galletas buenísimas.
Pronto compartían cucharas, risas y calabazas. Cada farolillo encontraba su sitio. La casa acabó siendo la más luminosa y alegre.

Al despedirse, Lara abrazó a Maribel.
—Otro día volvemos, aunque no sea Halloween.
Hugo guardó una galleta para el camino. Entonces, la calabaza de la puerta se encendió sola. El gato negro les guiñó un ojo. Lara sonrió. Quizá Maribel sí era un poco bruja, pero de las buenas.






