
cuentosIA
El Osito mayor
Para mi querido Jásard Esian, por tu hermosa presencia que llena de luz nuestras vidas. Te amamos.

En un bosque dorado vivía Osito con mamá Osa, en una casita tibia que olía a pan y hojas.
Cada mañana salían juntos. Juntaban hojas, cantaban bajito y miraban nubes pasar. Osito sentía que el mundo era chiquito, suave y suyo.

Por las noches, mamá Osa lo abrazaba fuerte mientras la luna subía detrás de los árboles.
Osito cerraba los ojos y pensaba: “Aquí estamos los dos”. Afuera sonaban grillos. Adentro, el fuego hacía cric cric en la chimenea.

Un día llegó Osito Bebé. Hacía sonidos pequeñitos: papapa, papapa. Mamá Osa lo cargaba mucho. Lo envolvía en mantas y lo mecía despacio. Y entonces el corazón del osito empezó a sentirse extraño.

A veces caliente, como piedra al sol. A veces duro, como un tronquito seco.
Cuando Osito Bebé tocó su carrito, Osito lo jaló rápido y le quitó diciendo:
—¡Vete!
La casita quedó silenciosa.

Esa noche, mamá Osa cargó al bebé hasta que se durmió. Osito esperó con sus patas apretadas.
—Yo también quiero upa, dijo bajito.
Mamá Osa lo acercó con un brazo. Pero Osito sintió que faltaba el otro brazo.

Al día siguiente, Osito salió de la casa, no cerró fuerte la puerta. Solo caminó.
Pisó hojas amarillas, pasó junto a flores pequeñas y siguió hasta los árboles viejos. El bosque olía a tierra mojada. Su pena caminaba con él, pasito a pasito.

Entonces escuchó una voz suave desde una rama baja.
—Pequeño Osito, ¿por qué pesa tanto tu corazón?
Osito levantó la mirada. Abuela Bhúo estaba quieta, como si conociera el viento. Él no respondió, solo respiró hondo.

Por fin, Osito habló mirando sus patas.
—Desde que llegó Osito Bebé, todo cambió.
Abuela Bhúo bajó de la rama con calma.
—Cuando nace un hermanito, el corazón de un hermano mayor crece muy rápido… y eso a veces duele un poquito.

El Osito levantó la mirada.
—¿Duele?
—Sí —dijo la Abuela Búho—. Porque el amor está haciendo espacio dentro de ti, y tu corazón está creciendo.
El Osito no entendió del todo.

Pero se quedó escuchando. Entonces la Abuela Búho señaló el gran cielo. —Mira las estrellas. El Osito miró arriba, había muchísimas estrellas brillando. —¿La luna deja de querer a una estrella cuando aparece otra? —preguntó la abuela Búho. —No… —susurró el Osito.

—El corazón de mamá Osa es parecido al cielo —dijo la abuela búho—. Siempre puede crecer. El viento movió suavemente los árboles. Y por primera vez en muchos días, el pecho del Osito se sintió un poquito más tibio. Cuando volvió a casa, mamá Osa estaba sentada.

Pero apenas vio al Osito, abrió un brazo enorme y cálido, y el Osito corrió hacia ella. Mamá Osa lo abrazó muy fuerte, como cuando era más pequeño. Y mientras escuchaba el corazón de mamá Osa, el Osito descubrió algo importante: El amor solo había crecido.






