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Valentina y la dentista de los dientes valientes

Valentina va al dentista con Marco. En la calle, Valentina aprieta fuerte su mano. —¿Y si hace ruido? —susurra. —Hace ruido, sí, pero no pasa nada —dice Marco—. Yo he venido muchas veces. Valentina frunce la nariz. —¿Y si me pica la lengua? Marco se ríe bajito. —Entonces lo dices. Aquí escuchan.

En la sala de espera huele a jabón y menta. Valentina mira una pecera y cuenta burbujas. Marco se inclina y le habla al oído: —La dentista tiene un mural de los dientes valientes. Cada vez que vienes, te pone una pegatina con tu nombre. Los ojos de Valentina se abren. —¿También para mí? —Claro. Si te sientas y abres la boca un poquito.

Cuando llaman a Valentina, su barriga hace “plin”. Entra con Marco. Allí está el mural: nombres, estrellas, corazones, pegatinas por todas partes. —¡Guau! —dice Valentina. La dentista sonríe. —Hoy solo vamos a contar tus dientes y mirarlos con el espejito. Si quieres parar, levanta la mano. Valentina prueba a levantarla, solo por si acaso.

Valentina se tumba y abre la boca. El espejito hace cosquillas. Valentina levanta la mano. —Paramos —dice la dentista. —Me hace “ji-ji” —confiesa Valentina. La dentista espera. Valentina respira y vuelve a intentarlo. Luego levanta la mano otra vez. —¿Qué guardas en el bolsillo? —Un rotulador con purpurina —responde la dentista—. Para nombres valientes.

La dentista vuelve a contar: “uno, dos, tres…”. Valentina escucha el clic suave del guante. De pronto, Valentina levanta la mano por tercera vez. —Quiero preguntarle algo a Marco. La dentista se aparta sin prisa. Valentina mira a su hermano. —¿Tú también paras cuando quieres? —Siempre —dice Marco—. Levantas la mano y ya. Valentina asiente, seria, y luego sonríe.

—¡Listo! —dice la dentista—. Tus dientes están estupendos. Valentina baja del sillón con cuidado, como si aterrizara. Frente al mural, elige una estrella brillante. Con ayuda, escribe: “Valentina”. El rotulador deja un rastro que reluce. Al salir, Valentina se pega a Marco. —Marco, ¡mi pegatina brilla más que la tuya! Marco guiña un ojo. —Porque hoy has sido valiente a tu manera.










