
cuentosIA
Lara y la cama vacía de Nube

Lara buscó a Nube por toda la casa. Miró debajo de la mesa, detrás de la puerta, incluso dentro del armario donde a veces se escondía. La cama de Nube seguía en la cocina, pero estaba vacía. Mamá andaba despacio y tenía los ojos rojos. Lara tiró suavemente de su manga.
“¿Dónde está Nube?”
Mamá respiró hondo y se sentó a su lado.

“Nube ha muerto, Lara”, dijo mamá con voz bajita. “Su cuerpo dejó de funcionar, y ya no va a volver.”
Lara frunció la boca. La palabra “muerto” sonaba dura, como una piedra en la lengua.
“¿Pero… se ha roto?”
“Mmm… sí. Como cuando algo se rompe y no puede arreglarse.”
Lara miró la cama vacía y notó un nudo en el pecho.

Lara se quedó muy quieta. Luego preguntó:
“¿Le dolió a Nube?”
Mamá negó despacio. “No. Cuando pasó, ya no sintió dolor.”
Lara pensó en las noches en que Nube se acurrucaba como una nube de verdad, calentita.
“¿Y ahora tiene frío?”
Mamá le acarició el pelo. “Ya no siente frío ni calor, Lara.”
La casa pareció más grande de repente.

Lara fue a su habitación y volvió con su peluche favorito apretado contra el pecho. Lo dejó en la cama de Nube con cuidado, como si colocara una manta.
“Para que no esté sola”, susurró.
Mamá cerró los ojos un momento, como si tragara lágrimas.
“Podemos estar tristes”, dijo.
Lara tocó la tela de la cama. Olía un poco a polvo y un poco a Nube. Eso la hizo parpadear muy fuerte.

Pasó un rato sin palabras. Lara escuchaba el reloj y el sonido del frigorífico, como si la casa respirara raro.
Entonces miró a mamá. “¿Puedo guardar la cama de Nube en mi habitación?”
Mamá tardó un segundo en contestar. “Sí, Lara. Si quieres, la llevamos juntas.”
Lara la agarró por un lado y mamá por el otro. Pesaba más de lo que Lara esperaba. A mitad del pasillo, Lara dijo: “Me da miedo olvidarla.”

Esa noche, la cama de Nube quedó al lado de la de Lara, como una pequeña isla conocida. Lara metió el peluche dentro y lo abrazó después, muy fuerte.
“Mamá”, llamó en la oscuridad.
“¿Sí?”
“Esto huele a Nube.”
Mamá se sentó un momento en el borde. “El olor se irá poco a poco. Pero lo que recuerdas, no.”
Lara cerró los ojos. La tristeza seguía allí, pero ya no estaba sola con ella.










