
cuentosIA
La fiesta de esperar el turno

Era el cumpleaños de Valentina. La tarta esperaba con cuatro velas encendidas. Mateo olió el dulce aroma y corrió hacia ellas.
—¡Yo soplo primero!
Tomó tanto aire que hinchó las mejillas como dos globos. Valentina rio.
—¡Eh, cumpleaños equivocado!
Las velas bailaron, pero siguieron encendidas.

Mateo quiso llevar la tarta hasta la mesa antes que Valentina. Metió las manos bajo la bandeja y dio un paso veloz. La tarta tembló: TIN, TIN.
Valentina la sujetó justo a tiempo.
—Primero tú la agarras; luego yo te ayudo.
Mateo asintió despacio.

Después, Mateo vio un regalo y tiró del lazo sin esperar. Dentro había una corona de papel con el nombre de Valentina.
—Uy... no pone Mateo, dijo, cerrando la caja.
—Primero yo, luego tú. ¿Me la das, por favor?
Mateo se la entregó.

—Gracias, dijo Valentina. Se puso la corona y abrió otro paquete. Mateo mantuvo las manos detrás de la espalda, aunque sus dedos parecían bailar.
Cuando Valentina acabó, le ofreció el papel brillante.
—¿Puedo jugar con él?
—Claro. ¡Ahora te toca arrugarlo!
Mateo hizo CRAC.

Luego llegaron al tobogán. Mateo corrió y se coló delante de Valentina. Bajó sin mirar mientras ella empezaba. PUM. Chocaron suavemente y quedaron sentados, muy sorprendidos.
Mateo se frotó la rodilla.
—Creo que mis prisas bajan más rápido que yo.
Valentina sonrió.

Valentina le enseñó su truco:
—Primero tú, luego yo.
Mateo esperó abajo. Valentina se deslizó y, al llegar, levantó los brazos.
—¿Puedo subir ahora, por favor?
Valentina asintió. Mateo trepó, aguardó su turno y bajó veloz. Entonces, todos aplaudieron a Mateo. Mateo hizo una reverencia.

Al volver junto a la tarta, Valentina encendió otra vez las velas. Mateo juntó las manos y esperó.
Valentina sopló primero. Después señaló una vela que seguía encendida.
—Esta es para ti.
Mateo la apagó de un soplido.
—Gracias. Mañana, primero tú.
Y ambos rieron bajito.








