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Emma y el sillón que sube

Emma no sabe qué es un dentista. Solo sabe que le van a "ver los dientes". Pero el sillón sube como un cohete, el espejito es diminuto y el agua hace cosquillas. Al final, quiere volver.

Una aventura con tu peque como protagonista
Portada: Emma y el sillón que sube

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Emma y el sillón que sube

Ilustración de la escena 1: Emma y el sillón que sube
01

Emmita estaba en el baño con mamá. Mamá le dijo: “Mañana vamos a ver tus dientes”. Emmita tocó su boca con un dedo. ¿Verlos? ¿Con una lupa? ¿Con una linterna? Emmita no sabía qué era un dentista. Solo oyó la palabra y le sonó a algo serio. Esa tarde, mientras merendaba, Emmita pensó: “¿Y si me quitan uno?”

Ilustración de la escena 2: Emma y el sillón que sube
02

Por la noche, Emmita se metió en la cama y escuchó el silencio. En su cabeza salieron ideas raras. Imaginó una silla que mordía, una luz como la del sol y un “ñiiiic” como de puerta vieja. “Mamá, ¿duele?”, susurró. Mamá se sentó a su lado. “Vamos a mirar, nada más. Si te asustas, me avisas.” Emmita apretó su manta.

Ilustración de la escena 3: Emma y el sillón que sube
03

Emmita cerró los ojos y probó una cosa nueva. Inspiró despacio: uno… dos… tres. Soltó el aire: fuuuu. “Así se calman las mariposas”, dijo mamá. Emmita notó la tripa menos revuelta. Aun así, su corazón iba rápido. “¿Puedo llevar mi muñeco?”, preguntó. “Claro”, respondió mamá. Emmita abrazó al muñeco y pensó: “Mañana seré valiente… un poquito.”

Ilustración de la escena 4: Emma y el sillón que sube
04

Por la mañana, Emmita se vistió despacio. En el desayuno, la tostada sabía distinta, como si fuera un día de examen. “Tengo mariposas”, dijo Emmita, llevándose una mano a la barriga. Mamá le guiñó un ojo. “Las mariposas avisan de cosas nuevas. Vamos juntas.” En la calle, el aire era fresquito. Emmita agarró fuerte la mano de mamá y caminó.

Ilustración de la escena 5: Emma y el sillón que sube
05

La puerta del dentista se abrió con una campanita. Olía a limpio, como a jabón. Emmita miró todo: sillas, una mesa, y un rincón con juguetes. También había un acuario con peces que nadaban como cometas de colores. Emmita se acercó despacio. “Hola, pececitos”, murmuró. Contó uno, dos… se perdió. Por un momento, las mariposas se quedaron quietas, mirando con ella.

Ilustración de la escena 6: Emma y el sillón que sube
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Emmita cogió un cubo y lo puso sobre otro. Luego lo tiró sin querer y sonó “cloc”. Se quedó tiesa. Nadie se enfadó. Mamá dijo: “No pasa nada”. Entonces una puerta se abrió y una voz alegre llamó: “¡Emmita!” Emmita tragó saliva. “Voy contigo”, dijo mamá. Emmita asintió muy seria, como si fuera una exploradora. Dio un paso. Luego otro.

Ilustración de la escena 7: Emma y el sillón que sube
07

La dentista se presentó: “Soy Clara. Hoy solo vamos a mirar”. Emmita miró sus ojos, que sonreían de verdad. Clara señaló una silla grande. “¿Quieres subir? Sube como un cohete.” Emmita dudó. Luego se sentó y agarró los lados. La silla hizo un zumbidito y subió despacio. Emmita abrió mucho la boca, pero de risa. “¡Estoy alta!”

Ilustración de la escena 8: Emma y el sillón que sube
08

Clara sacó un espejito diminuto y lo enseñó. “Con esto veo tus dientes, como si fueran una cueva de tesoros.” Emmita apretó su muñeco. “¿Hay tesoros de verdad?”, preguntó. “Claro. Dientes fuertes”, dijo Clara. Emmita abrió la boca un poquito. Clara dijo: “Muy bien, Emmita. Si quieres parar, levanta la mano.” Emmita probó a levantarla y se sintió dueña del momento.

Ilustración de la escena 9: Emma y el sillón que sube
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Llegó el agua. Salió en un chorrito suave y fresquito. A Emmita le hizo cosquillas y se le escapó una carcajada. “¡Pica!”, dijo. Clara rió también. “Es agua que limpia, como lluvia pequeña.” Emmita movió los pies en el aire. “¿Otra vez?”, pidió, sorprendida de su propia valentía. Clara contó: “Uno, dos…” y Emmita intentó repetir, con la boca llena de risitas.

Ilustración de la escena 10: Emma y el sillón que sube
10

Clara miró con calma, diente por diente. “Tienes… muchos”, dijo cantando. Emmita abrió más la boca y señaló con un dedo: “Ese es mío”. Clara asintió. “Todos son tuyos.” Luego le dejó tocar el espejito con cuidado. Era frío, como una cucharita. Emmita pensó que la “cueva” no daba miedo. Era suya, y Clara solo era una guía con luz amable.

Ilustración de la escena 11: Emma y el sillón que sube
11

“Listo, campeona”, dijo Clara. Emmita parpadeó. ¿Ya? Clara le dio un cepillo nuevo. Era del color que más le gustaba. “Para tus tesoros”, explicó. Emmita lo apretó contra el pecho. “Gracias.” Mamá preguntó: “¿Cómo ha ido?” Emmita se quedó pensativa y dijo: “He sido valiente con mariposas.” Clara respondió: “Eso es ser valiente de verdad.”

Ilustración de la escena 12: Emma y el sillón que sube
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En el coche de vuelta, Emmita miró por la ventana. La calle parecía la misma, pero ella no. Sacó el cepillo y lo enseñó como un trofeo. “Mamá, ¿podemos volver?”, preguntó. Mamá se rió. “Volveremos cuando toque.” Emmita pensó en la silla cohete y en el agua que hacía cosquillas. Las mariposas seguían ahí, pero ya no empujaban. Ahora aplaudían, pequeñitas, dentro.

Contraportada: Emma y el sillón que sube

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La primera visita al dentista puede dar mucho miedo. Sobre todo cuando no sabes qué te van a hacer. Los niños imaginan lo peor, y la incertidumbre es peor que la realidad.

En este cuento, Emma descubre que el dentista no es como lo imaginaba. El sillón sube como un cohete, el espejito parece de hada y el agua hace cosquillas. Nadie le hace daño, nadie le grita, y al final se lleva un cepillo nuevo de su color favorito.

Un cuento perfecto para leer la noche antes de la primera visita. Ilustrado en acuarela y gratuito.

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